Al principio, simplemente sorprendida por el estilo de Sarkozy, a quien en Alemania han apodado “el presidente Duracell”, en violento contraste con la reservada canciller alemana Angela Merkel, la prensa alemana se muestra cada vez más feroz e irritada por el presidente francés.
Después de su llegada al Elíseo, en mayo, los periódicos alemanes reprochaban al presidente galo que acaparara la cobertura sin grandes miramientos hacia el gobierno de Berlín, en particular en los asuntos europeos.
Pero también habían publicado editoriales elogiosos o envidiosos sobre su dinamismo, su manera de quebrar los tabúes y su percepción de los problemas.
Sin embargo, desde finales del 2007, la balanza se inclinó claramente hacia las opiniones desfavorables: desde entonces su relación con Carla Bruni ocupa las primeras planas de los periódicos europeos y la prensa alemana acusa a Sarkozy de instrumentalizar su vida sentimental, algo que considera incongruente e inmoral. Berlín, AFP