Hace sólo una década, el fresco de la Mamita Candicha se libró del daño que le ocasionaron los vestidos, joyas y pelucas que soportó por siglos. Restaurada, enamora fieles como hace 4 siglos.
Texto: Liliana Carrillo Valenzuela • Fotos: Pedro Laguna
Mama Candelaria, Canducha, Candila, Mesticita hermosa, Morena cachamoza, Mamita del Socavón... muchos títulos que le damos a la Virgen de la Candelaria que ha sido venerada desde siempre en Oruro. Desde que apareció pintada en un fresco del Socavón, se convirtió en patrona de los mineros y no quiso marcharse tampoco cuando fue restaurada y trasladada al altar. Desde su allí agradece con amor la devoción que sus hijos expresan con baile y folklore”. El hermano Jairo de Jesús Salazar Correa —uno de los cuatro frailes Siervos de María, custodios de la iglesia del Socavón— mira a la Virgen de la Candelaria con entrañable cariño: “Su rostro es de una belleza realmente cautivadora, es de una ternura sin igual”.
Pruebas de fe I
“A ella, le debo la vida. Yo he vivido sus milagros”. Los ojos de la orureña Elizabeth Vallejos se humedecen cuando, a los pies del altar, cuenta su historia: “Cuando mi madre murió, yo no tenía recursos económicos para enterrarla. Entonces agarré el Rosario y comencé a rezarle a la Virgen; y apareció una señorita, que me ofreció un ataúd. Me pagas cuando puedas, me dijo y aunque no la he vuelto a ver siempre la tengo en mis oraciones, ha sido un ángel enviado por la Virgen”.
Un ladrón, una dama
“En 1789 apareció la imagen de la Candelaria pintada en los desmontes del cerro Pie de Gallo”. Valentín Marcelo Ayaviri, artista plástico y miembro de la la Diablada Auténtica, rehilvana la historia tantas veces evocada. “En esos tiempos, Anselmo Bilarmino, alías el Nina Nina, era un ladrón que compartía el botín de sus robos con los pobres, era una especie de Robin Hood, y cada sábado le prendía velas a la imagen de la Virgen de la Candelaria que tenía en su casa. Estaba enamorado y cuando quiso huir con su amada fue sorprendido por el suegro que lo dejó malherido. Entonces, una mujer muy bella, que era la materialización de su Virgencita, lo atendió, lo llevó a la iglesia e impidió que muriera desangrado e inconfeso. Esta historia se fusiona con la de otro bandido famoso en Oruro, el Chiru Chiru, que falleció apuñalado en un camastro de su casa que estaba en la boca del Socavón. Junto a su cadáver, hallaron el fresco de la Virgen que empezó a ser venerada por los mineros con bailes. Primero fue la diablada, luego ya se presentaron otras danzas y se armó la entrada en homenaje al Día de la Candelaria, el 2 de febrero, que coincidía con Carnaval”.
Pruebas de fe II
“La fe a nuestra mamita del Socavón hace milagros”. La convicción no flaquea en Jacinto Quispaya, vicepresidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (AFCO) y directivo de los Caporales ENAF, reyes de la tuntuna. Baila desde hace 27 años y sabe del poder de la Candelaria.
“La esposa de uno de los danzarines de La Paz estaba desahuciada por un cáncer. Tenía sólo tres meses de vida, pero la señora dijo que si se iba a morir sería en el Carnaval, bailando para la Virgen. En el Carnaval del 2003 ha hecho el recorrido y con lágrimas le ha rogado por su salud a la Virgencita. Han pasado cinco años y ella está sana y sigue bailando. Otro caso es del ex ministro Tito Hoz de Vila; él tenía un problema grave en la cadera pero ha hecho su promesa, ha bailado tres años y ahora lo ven como está. La Virgen les ha retribuido curándolos”.
Adiós al boato
“Durante siglos, el fresco de la Virgen fue adornado con vestidos, pelucas, joyas y hasta manos postizas. Se estaba deteriorando mucho tanto sacar y meter clavos”. El padre Jairo enseña las fotografías que atestiguan el proceso que salvó a la imagen sagrada de la destrucción y lo cuenta con su ameno acento de colombiano nacido en el calor de Medellín.
“A la imagen, que estaba pintada sobre un muro de adobe, los fieles le colgaban aretes, coronas y pesados vestidos que descascaraban la pintura. Por eso, en 1990, llamamos a Italia y la Unesco mandó una comisión de restauradores. Después de un estudio, los expertos la sometieron a un complicado proceso por el que le aplicaron barnices especiales y parches de gasa hasta que taparon toda la Virgen y así la trasladaron, adobe por adobe, de la pared en la que estaba a una base de madera que fue colocada en el nuevo altar. Los restauradores dijeron que su estado de conservación era un milagro, porque con las vibraciones de los dinamitazos y de las bandas debía haberse deshecho. Pero la Virgencita sabe cuidarse y quiere quedarse aquí para toda la eternidad”.
“Ahora puede quedarse otros 400 años como patrona de Oruro”. David Óscar Choque, responsable del Museo Sacro de la iglesia del Socavón, recuerda la “salvación” de la Candelaria.
“Se calcula que empezaron a vestir a la Virgen a fines de 1800. En ese tiempo le regalaron joyas y le mandaron hacer manos postizas, mantones de terciopelo y planchones de plata. Ahora que no se usa, todo su ajuar está guardado. Con el tiempo, muchas partes de la pintura, cuyo autor nunca se identificó, habían desaparecido totalmente y tuvieron que ser restauradas. Felizmente habían quedado intactos el rostro de la Virgen y el rostro del niño, que son los originales y que ahora se ven limpios y hermosos en el fresco que está en el altar”.
Pruebas de fe III
“Llegamos cada año brincando bajo la máscaras y pagando nuestros pecados. A veces, lloramos a sus pies”. Edson Zeballos Soria baila 19 de sus 23 años en la Diablada Auténtica y cada Carnaval refuerza su fe en lo que él lee como evidencias. “Si hemos hecho algo malo durante el año, el dolor aumenta, las rodillas quieren reventar en cada salto, apenas podemos postrarnos en el altar después del baile. La Candicha nos cuida pero, nosotros tenemos que pagar lo que hacemos, y cumplir con la promesa”.
Los ritos de la pureza
“Soy un enamorado eterno de la Virgen desde chico, cuando ayudaba a los padres de la Orden Siervos de María. Ahora busco su imagen y al verla me conmuevo y me emociono, donde sea siento que ella está cerca”. El enamorado es Enrique Patiño Corrales, profesor de religión, ministro de la iglesia del Socavón y coordinador de la Unión de Familias de los Siervos de María (Unifas).
“La Virgen del Socavón es la Virgen de la Candelaria que representa a María cuando va a presentar a su hijo en el templo. Lleva al Niño en una mano y en la otra una vela, esa candela es la luz que significa Cristo para todo el mundo. La Virgen de Urkupiña y Copacabana también son Candelarias pero la Mamita del Socavón se caracteriza por los bailes y el folklore con los que sus fieles la veneran. Nosotros somos 18 ministros laicos del grupo de los Siervos de María que ayudamos en la iglesia durante el Carnaval. También organizamos veladas, con canto, oración y reflexión, con las fraternidades. Todo es por la Virgen, cuya entrega y amor sin límites debe ser un ejemplo para todos los católicos”.
El festejo de la Candelaria
“Aquí, en Oruro, se danza para la Virgen”. Después de 11 años de ser custodio de la Candelaria, el Padre Jairo de Jesús asume y respeta las tradiciones religiosas criollas.
“Este no es un Carnaval como los de Río o Viena; es un Carnaval religioso que comenzó con el homenaje de los mineros a la Virgen en los únicos días que tenían libres, que eran los feriados de Carnaval. Este año será especial, pues, el 2 de febrero, día de la fiesta de la Mamá Candelaria, coincidirá con el Carnaval y eso ha pasado apenas tres veces: en 1799, en 1856, ahora el 2008 y no volverá a ocurrir hasta el 2160. Por eso vamos a sacar la casa por la ventana. Estamos refaccionando la iglesia y el 1 de febrero va a haber una gran peregrinación de cirios que va a convertir a Oruro en un mar de candelas. Luego, una serenata a la Virgen se va a fusionar con las bandas y al día siguiente, a bailar porque el Carnaval de Oruro es un tesoro multicultural único”.
El padre Jairo ha vuelto a mirar la imagen de la Virgen. Sonríe y le lanza piropos: “Morena cachamoza, Canducha hermosa”.
Pruebas de fe IV
“He esperado durante años un niño que no llega; pero sé que la Virgencita no me va a fallar. Este Carnaval cumplo mi promesa de bailar tres años morenada”. Mientras ensaya con la fraternidad de los Cocanis, Ana López no admite dudas en su esperanzada certeza: “La Mamita del Socavón es buena... ella no me va a fallar”.