El gobierno del presidente Evo Morales cumple dos años de gobierno. De alguna forma representa un relativo período de estabilidad, luego de la inestabilidad sufrida en Bolivia a partir de octubre del 2003, hasta finales del 2005, período en el que se sucedieron tres presidentes de la República, y muchos conflictos sociales.
La llegada de Evo Morales a la Presidencia representa un momento histórico en la vida política boliviana. No solamente por haber conseguido la mayoría de la votación electoral, dentro de un sistema político fragmentado y confrontado, sino porque ha representado un profundo cambio en la vida política del país. Este cambio abarca, tanto políticas económicas, políticas y sociales, que intentan recuperar un indiscutible protagonismo al Estado, como un cambio en los mismos actores encargados de llevar adelante la administración y la legislación en el Estado.
En enero del 2006 se terminó la etapa de la “democracia pactada”, de la vigencia del modelo económico neoliberal, implantado con el Decreto 21060, de la vigencia de un sistema político demasiado cerrado en sí mismo, y con pocas ventanas para una efectiva participación ciudadana. Al mismo tiempo, es el resultado de un largo período de movilizaciones sociales, reflejo de la decadencia de un sistema, y el desgaste de las instituciones del Estado.
Curiosamente, la llegada de Evo Morales al poder ha desnudado con mayor claridad la existencia de un Estado débil, de una conciencia nacional dividida, de la fuerza de los grupos corporativos, sectoriales, regionales, frente al interés nacional. Es evidente que esta realidad no es nueva, ya se refleja en una larga historia de aprovechamiento de las riquezas nacionales, de corrupción, de confiscación del poder, de reparto del Estado. De esta forma, el Estado no es soberano, ni externa ni internamente. El Estado está subordinado a todos aquellos que —por su propia fuerza— tienen más poder, más riqueza, más fuerza para ejercer presión.
Quizá ello explique, de alguna forma, la polarización que vive Bolivia hoy. Una polarización, no en función de proyectos de país, o de un común destino nacional, sino una polarización en función de intereses particulares, corporativos, en los que lo que se juega son espacios de riqueza, de privilegios, legal o ilegalmente adquiridos, del deseo de mantener, como natural e incambiable, las injusticias lacerantes en las que se mueve la sociedad boliviana.
Aquí, de nada sirven los slogans o las banderas de lucha, aquí de nada sirve el regionalismo o el sectarismo, mientras sigamos viendo la pobreza aumentar, y la riqueza permanecer en las mismas manos.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
La democracia plural
Jorge Lazarte escribió en el periódico La Razón, en fecha 23 de enero de los corrientes, una crítica al modelo comunitario propuesto en la nueva Constituyente.
Carnaval
Pasadas las fiestas de fin de año, una nueva ocasión de festejar se avecina: el Carnaval. Medité mucho antes de escribir este artículo y lo que diré a continuación lo hago con un sincero desapasionamiento