Picardía y chispa engalanan la creatividad en los valles bolivianos. Para el festejo del Carnaval en Tarija y Cochabamba, el ingenio se aguza en forma de música para seducir a la pareja con ayuda de las tonadas.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Fernando Cartagena y archivo
Ricurita venga pues a coplear conmigo! Tírese una coplita, que yo le wa contestar, así como en los viejos tiempos, como cuando eran nuestros carnavales…”.
Ulupika Lema no ahorra palabras y coquetea con la joven bella que asiente y regala una sonrisa al chapaco coplero y así se inicia la alegre tonada que es el alma de los carnavales en los valles bolivianos. Se trata de un rito criollo donde la picardía, la seducción, el amor y la provocación fluyen al compás del contrapunto en melodías espontáneas en las calles, plazas y quintas.
“Las coplas y sus versos son el espíritu de estas fiestas en todo valle de Bolivia”, propone Tania Suárez, socióloga e investigadora.
Estos cantares nacieron en la Andalucía española. A esa conclusión llegó Zemlya Soruco Zenteno, hija del recordado cantautor tarijeño Nilo Soruco y su opinión es compartida por Suárez, quien, sin embargo, aclara que en los tiempos del incario ya existían “los poemas líricos cantados y danzados por hombres y mujeres en contrapunto durante las conmemoraciones y celebraciones por la Luna”.
Por eso, cuando florecen los cultivos y empiezan a madurar sus frutos, la creatividad y la alegría despuntan a borbotones en medio de las comparsas copleras que llevan estrofas alegres y mordaces.
¡Ay, imilla pelada!
El dulce sonido del quechua se hace más pícaro en estos estribillos populares. “Todos tienen una connotación sexual, pero no de una manera directa, van implícitos dentro de la letra”, explica Suárez.
En la euforia del Carnaval en Cochabamba emergen los takipayanakus o “nos cantaremos”, en español, un contrapunteo espontáneo de coplas que afloran de los grupos de músicos que celebran un encuentro colectivo donde no existen restricciones de edad ni sexo.
El deseo y los diferentes niveles de dualidad y complementariedad entre hombre-mujer, elegancia-tosquedad, amor sexual-amor sublime, aparecen en los alegres versos.
“¡Ay imilla pelada!- Ay k\'ara imilla/ Eres demasiado fea- Ancha millay kanki/ Como esos renacuajos- Chay Osqhollus jina/ Eres cabezona- Umasapa kanki”, canta Encarnación Lazarte, con más de 45 años haciendo música en el valle.
“Mama Encarna”, como le dicen los que la conocen, cree que esta forma de cantar manifiesta “todo lo que nos gusta y no nos gusta de la gente o del lugar en el que vivimos. Todo con alegría y con bromas, porque ésta es nuestra fiesta”.
Los temas están asociados al calendario agrícola y se comienzan a escuchar desde noviembre y concluyen en mayo, desde Todos Santos hasta San Andrés, en la época de las wayllunqas o los balanceos. Es por eso que la naturaleza siempre está presente en las composiciones.
“Hasta que el maíz florezca- Saraj paywarunan kama/ Y el trigo eche espigas- Triguj espiqanankama/ Rastrearé en tu corazón- Songoykij ukhupi pallasaj/Hasta que caiga en mis manos- Makiypi urmanan kama”. Y claro, el sarcasmo es el que arranca risas en el público. “¿Acaso te conozco?- Noqa rejsiykichu/ ¿Quién diablos serás?- Pi supaychus kanki/ Y de cuántas cholas- Mashka cholaspata/ Despreciado serás- Wich\'usqachus kanki”.
Los millonarios son objeto también de la sorna en los versos de los copleros vallunos: “Le dicen millonario- Khapaj, khapaj ninku/ ¿Qué tiene de millonario?- Iman khapaj kasqa/ Sólo una cuchara de palo- K\'aspi cucharalla/ Llena toda su casa- Wasin junt\'a kasqa”.
A medida que la fiesta transcurre entre la chicha, la comida y los bailes, la ironía se convierte en el alma de la celebración mediante los versos cantados: “En los carnavales sí- Carnavalespqa si/ Chicha, chicha siempre sí- Aqhalla aqhalla sí/ El cuero del perro sí- Alqoj qaranmanta sí/ Parece el joven embutido sí- P\'eqesqa llok\'alla sí”.
Las letrillas sirven incluso para conquistar a la amada. “Las coplas son adornadas, se hacen invitaciones y proposiciones, hasta se pide matrimonio”, formula la socióloga Suárez que no se cansa de destacar también el papel de denuncia social que es el otro rostro de los versos.
En los carnavales más de un dirigente sindical fue delatado con una copla por parte de algunos de sus compañeros al ritmo de la tonada.
Me gusta el choclito ajeno
Los hombres son tímidos y llorones. Desde niña Zemlya Soruco Zenteno escucha coplas en Tarija y por eso concluye en que los varones “son mariconcitos y son ellos los que lloran”. En una suerte de casualidad o azar del destino el jueves 24, día de compadres, casi siempre llueve en el sur “es por ellos, que no son alegres como las mujeres”, lanza con una risa juvenil Zemlya, de 52 años.
En suelo tarijeño los versos se entonan todo el Carnaval y es en las provincias Méndez, Avilés y Cercado, además de las poblaciones de San Lorenzo, Padcaya, Concepción y la capital Tarija donde crece más.
Los letras deben su ingenio y picardía a renombrados compositores de la talla de Augusto Guerrero, Amado Castillo, Julia Gálvez, Sara Antelo, Luis Carrasco, Luis Aldana, Nilo Soruco, los hermanos Vicente y Cecilio Mealla, que en los 50, 60 y 70 llevaron al vinilo las coplas.
Soruco llevó los versos y su escuela de música a fiestas de compadres y comadres en los carnavales.
Si los chapacos son tímidos, las mujeres son extrovertidas, creativas e ingeniosas. “A mí me gusta comer choclitos/ De chacra ajena/ Comer lo bueno, lo bueno/ Dejar la chala para el dueño”, entona La Ricurita.
Las damas se reúnen el jueves 31 y al compás del ruedo y las composiciones vuelven a la carga contra los hombres con atrevidas tonadas.
“Para hacer la carbonada/ Seguro tiene que haber/ Eso que le gusta al hombre/ Y lo tiene la mujer”. La carbonada es un platillo tradicional que se cocina en base a zapallo.
La chispa de las chapacas es como un torrente infinito y la gracia no se acaba, aún así la persona a la que se le canta tenga dueño.
“Unos ojitos estoy viendo/ Por esos ojos me muero/ Me han dicho que tiene dueño/ Así con dueño los quiero”, desafía la coplera en medio de la risa de sus comadres.
Durante los carnavales, el chapaco no se queda en una sola casa, visita distintas tunando, cruzando de comunidad en comunidad en busca de la mejor chicha, de la fiesta más linda, de las mozas más hermosas y haciendo gala de su habilidad para la copla y acompañado del erke sigue su rumbo conquistador.
En Cochabamba, “Mama Encarna” prepara otros versos en quechua y en Tarija, con un vaso de vino en la mano, Ulupika Lema regresa tunante: “Oye Ricurita tienes orejas de chivo viejo…”. La chapaquita lo mira y sin darle tiempo para la réplica lo fulmina: “Vos serás el chivo viejo, yo soy una cabra linda”.
LAS CARNESTOLENDAS EN EL VALLE DE COCHABAMBA La celebración se inició el 24 de enero con la Fiesta de los Compadres, el 31 le siguió el de las Comadres. Sábado y domingo de Carnaval se ch’allan chacras y adornan plantas y animales. El martes es la ch’alla en el Valle Alto. El miércoles de ceniza se inicia el Takipayanaku con las coplas y el contrapunto. El sábado se hace el Corso de Corsos en la ciudad.
EL VINO Y LA CHICHA LE DAN VIDA A LA FIESTA TARIJEÑA La fiesta chapaca comenzó ayer con el sábado de Carnaval, que presenta el Corso Infantil. El domingo es el Corso General. El lunes, la fiesta se traslada al campo con las coplas, el vino, la chicha y el erke. El martes es la ch’alla, el miércoles de ceniza se inicia la cuaresma y el domingo de tentación se despide al Carnaval.