Las últimas lluvias han mostrado que ahora los ríos del país tienden a alcanzar caudales superiores a los de antes y, por lo tanto, a causar problemas mayores en el campo y en las ciudades. Se presenta así una situación de la que el país había sido advertido por quienes recomendaban el buen uso de la tierra, el manejo racional de los bosques y, en general, el cuidado de la naturaleza.
Las lluvias no han aumentado; lo que ocurre ahora es que el agua no se detiene como antes en los bosques, en las tierras que solían absorber parte de sus caudales. El agua encuentra ahora a su paso tierras cada vez con menos vegetación, según habían predicho los expertos.
La situación podría empeorar con los años, en vista de que ahora se da el hecho de que las leyes de protección de bosques y medio ambiente han quedado en suspenso.
Las lluvias de este verano han puesto al país en las primeras noticias internacionales, ya no por el caos político, sino por los desastres que causan entre su población.
En las ciudades ha quedado claro que las autoridades edilicias no cumplen bien sus funciones y los ciudadanos no cuidan el sistema de drenaje, en un comportamiento que no cambia a pesar de todos los desastres que llegan junto con las lluvias.
En el campo, el agua ha alcanzado alturas pocas veces vistas, anegando poblaciones y destruyendo cultivos. Todos los ríos del país, correspondientes a las tres cuencas del territorio, la altiplánica, la amazónica y la platina, se han desbordado.
Los peores desastres se presentaron en La Paz y en las regiones de la cuenca amazónica, en los departamentos de Cochabamba, Santa Cruz, Beni y Pando. Los daños al sector agrícola han sido muy grandes y en este momento se calcula que 40% de la soya de exportación se ha perdido. Los empresarios temen que los daños equivalgan a unos 500 millones de dólares.
Por lo tanto, esta realidad requiere de políticas inteligentes que comiencen corrigiendo las costumbres que afectan a la naturaleza, que están acabando con los bosques y están provocando estos desastres “naturales” que, en realidad, son cuidadosamente fabricados por la imprevisión y la irresponsabilidad.