Hasta hoy muchos bolivianos hemos gozado como “chinos” y parece que en las diversas regiones del país el Carnaval se lo está pasado en grande. Oruro, como siempre, ha vuelto a brillar con su “entrada” folklórica, Santa Cruz no se ha quedado atrás con sus bulliciosas comparsas, en La Paz la fiesta ha retomado un impulso que estaba perdiendo, Tarija se ha lucido con su música y su humor, y el resto de las capitales se han divertido o han sufrido lejos de la fiesta con las inundaciones. Sólo Cochabamba guarda aliento, aún, para su Corso de Corsos, que será el próximo sábado.
Al Presidente y su corte palaciega los hemos visto bailar en la plaza Murillo, dentro del Palacio y después en Oruro. Y está bien que se despreocupen un poco del país porque así, a lo mejor, salimos ganando todos. No sabemos si nuestros gobernantes seguirán la farándula hoy, pero parece que es lo más probable, porque según se había anunciado, S.E. rematará la fiesta tocando trompeta en la ya célebre Orinoca.
Mi mujer y yo, el sábado en la noche, asistimos a un baile de disfraces donde se comió opíparamente y se bebió como camello en oasis, además de bailar todos los ritmos habidos y por haber. Y ayer concluimos nuestro Carnaval en casa de una querida amiga, con un fenomenal puchero bien regadito. Le hice lance a los globazos y a las baldadas de agua por dos razones: porque a mi edad esas jugarretas pueden terminar en una pulmonía; y porque, además, casi media ciudad está sin agua, y es una irresponsabilidad echarla a la calle en vez de calentarla para bañarse, siquiera “por presas”, para no apestar a difunto.
Hoy queda todavía la “challa”, que en el Collao es el día más importante del Carnaval, pero mañana, aunque sea con resaca, la gente tiene que trabajar porque, justamente, a propósito de agua, no se puede dejar inermes a los damnificados por las inundaciones. Esto de que medio país baile y la otra mitad se ahogue no lo deben entender los extranjeros que están juntando pertrechos para enviarnos. Tampoco deben entender los que nos miran desde afuera, cómo, antes de Carnaval, se reparte el bono Dignidad. Pues bien, esos recursos del IDH que ya estaban destinados deben reposar en las cuentas de los hoteleros, cerveceros, choriceros, bandas y bordadoras. Según el Gobierno, los bonos (los regalos de platita a los viejos y niños) van a recuperar el voto de la clase media para el MAS, que lo había perdido. Sea.
Ahora que S.E. se preocupe de sus reuniones programadas para revisar seriamente la Constitución y los estatutos autonómicos; que tome medidas para que no nos quedemos sin el ATPDEA; y que se esfuerce por salvar lo que queda todavía en pie en el Beni y otras regiones afectadas por las crecidas. Y tan importante como lo anterior, que el Carnaval no siga el año entero. Que se acabe mañana para todos.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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Société Générale, el segundo banco más importante de Francia, reconoció la semana pasada haber sufrido pérdidas por valor de 2.050 millones de euros a consecuencia de la crisis hipotecaria en EEUU. Al mismo tiempo, hizo público el que podría ser el mayor fraude cometido por una sola persona en la historia de la banca.