En el mundo vivimos una transición entre una generación que pensaba que todo debía ser homogéneo a una generación que apuntala principios pluralistas como un modus vivendi que respeta las diferentes concepciones del mundo como principio universal de coexistencia en paz.
La nueva Constitución, precisamente, recoge este principio en todos los aspectos y también en el plano de la religión. Respeta la libertad de culto y religión, y como institución estatal se aparta de cualquiera de ellas, es decir, deja la elección de fe y la creencia al ciudadano. En ese sentido, la religión es y será asunto de la sociedad y no del Estado. La función del Estado, en este caso, ha de ser garantizar dicha diversidad de creencias religiosas.
Ahora, esto no es una propuesta descabellada, sino que está recogiendo e interpretando lo que ocurre en la vida cotidiana. Es cierto que la mayor cantidad de la población puede ser católica, unos más fanáticos y otros que usan la religión como un medio para reencuentros sociales como los bautizos y matrimonios, donde sincronizan la concepción católica y la concepción cósmica-indígena. La verdad, a esta última práctica es a la que pertenece la mayoría de la población boliviana.
Es cierto que el catolicismo tiene sus luces y sombras. Su mayor sombra, y que siempre tendrá como pesadilla, es la época de la destrucción de las llamadas idolatrías y de la santa Inquisición que se impuso con el Concilio Limense a partir de 1582. Su luz es haberse adecuado a diferentes coyunturas de la historia y haber hecho obras de caridad, generalmente de tipo filantrópico.
El mayor quiebre de la religión católica empieza a los inicios del siglo XX con el surgimiento de la línea protestante encabezada por los metodistas; hasta que la corriente protestante de diferentes versiones explota a partir de los 80, haciendo que la otra mitad de la población pertenezca hoy esta línea de pensamiento religioso.
Pero no podemos dejar de mencionar, en Bolivia, que a partir de 1970 surge el indianismo como otra corriente de pensamiento que critica al cristianismo en general (católicos y protestantes), indicando que es la negación del valor de la vida terrenal y la demasiada exaltación a la vida celestial del “más allá”. Por eso reivindica la religión cósmica telúrica de los indígenas. Algo que habría que admitir como es una línea que desde diferentes versiones está en franco crecimiento, particularmente entre los jóvenes de los barrios periféricos de todas las ciudades de Bolivia, que son el bolsón de los migrantes del campo a la ciudad.
Por último, hay también marxistas que creen solamente en el materialismo dialéctico y que no profesan ninguna fe religiosa. Son críticos de toda religión abstracta, abrazando más bien los valores científicos. De ellos con seguridad tenemos muchos, que pertenecen fundamentalmente a la clase media mestiza.
Con la pluralidad de creencias y de religiones se estaría haciendo una justicia con todos y para todos. Con esto, por primera vez en Bolivia se estaría democratizando el campo cultural. Por lo tanto, un Estado que desconozca esta diversidad de creencias y apostara sólo por una de ellas sería totalmente antidemocrático.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
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