Los niños con demasiados y exagerados cuidados se vuelven tímidos, solitarios e inseguros de sí mismos. Son dependientes.
Texto: Redacción Mía Fotografía: MCT
¡Cuidado, te vas a lastimar! ¡No toques eso! ¡Está haciendo frío, tengo que abrigar a mi bebé! ¡No, no quiere, es caprichosa mi niña! ¡Hay que dejarla, todavía es chiquita! Y así las conocidas frases se repiten a diario como una muestra de cuidado de los padres a los hijos, o tal vez, como una muestra de sobreprotección.
Para el sicólogo Carlos Velásquez, sobreproteger no es lo mismo que mimar a los hijos, porque mimar es brindar mucho afecto. En cambio, la sobreprotección trae exagerados cuidados y una falta de libertad para el menor. “Estos rigurosos cuidados son porque el adulto tiene miedo al crecimiento de su hijo y a su independencia”, indica el especialista.
La sobreprotección, generalmente, se presenta en las madres, porque existe un vínculo estrecho entre ella y el pequeño, aunque eso no quiere decir que no suceda en los padres, pues ellos también pueden tener ese tipo de conducta.
La extremada protección, según el especialista, genera dos tipos de reacciones en los niños: la incapacidad que tiene el menor para un adecuado nivel de desarrollo, y la falta de autonomía, es decir, que no tiene la habilidad suficiente para tomar sus propias decisiones, porque están esperando que alguien de su entorno lo haga por ellos.
La sobreprotección suele darse a partir del primer año, cuando el niño comienza a dar sus primeros pasos. Luego puede llegar a complicarse, puesto que se va formando un niño tímido, solitario, que no quiere despegarse de sus padres o familiares.
Por eso, los adultos deben valorar objetivamente la importancia de permitir, desde pequeños, que sus niños aprendan a crecer.
1 Edad. Cuando el niño comienza a dar sus primeros pasos, los padres actúan sobreprotegiéndolo. Al tiempo, la situación se complica y el niño se hace dependiente.
2 Padres. Con frecuencia, la madre es la más sobreprotectora, esto por el vínculo íntimo que hay entre ellos, pero eso no quiere decir que los padres o abuelos no lo sean.
3 Manifestaciones. “Los cuidados exagerados podrían hacer que el niño no desarrolle las aptitudes para su nivel, y además que se vuelva dependiente”, afirma el sicólogo Carlos Velásquez.
Paso a paso
Nada de exagerar...
Evaluar. Los padres deben evaluar objetivamente los riesgos a los que está expuesto su niño para cuidarlo. Si sabe que no habrá ningún peligro, debe dejarlo divertirse y explorar.
Actitud. Hay que generar una responsabilidad en el niño para que aprenda a tomar decisiones o asumirlas, por ejemplo, hacerle escoger el color de un juguete o de una prenda.
Contacto. Los padres deben permitir al niño que reconozca su entorno, pero con supervisión. Deben acompañarle en esa exploración para que aprenda con seguridad.
Reglas. Los padres deben establecer límites adecuados en cuanto a lo que pueden hacer y a lo que no. Cuando no cumplan con ellos tienen derecho a darles una sanción.
Enseñanza. Los progenitores deben mostrarle al niño el mundo y su alre- dedor, estimulándolo para que investigue. Hay que hablarle claro para que se relacione con los demás.
así es... Denisse Quiroga,
“Busco a alguien que me quite las piedras del camino, no que sea un peso más”
consultorio Consultorio
mía pone a disposición de sus lectores esta página que reúne en un consultorio a especialistas médicos para responder preguntas.
vitrina Cintos y hebillas con sello
¡Confirmado! Un ac- cesorio puede sumar o restar al atuendo, puede marcar el estilo con elegancia o puede destrozar el look más pulcro. Por eso, es importante elegir el adecuado. Más si se trata de uno tan vistoso como el cinturón.
sabores Una cena en San Valentín
Se dice que los afrodisíacos avivan la pasión, más si están todos juntos en un solo ambiente. Lo cierto es que una cena romántica es tentadora.