Las Siete tesis erróneas sobre América Latina de Rodolfo Stavenhagen eran lectura obligatoria en la euforia de la teoría de la dependencia de los años 70. Hace poco visitó nuestro país, con énfasis en el Palacio Quemado, en su calidad de relator especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas. Sostengo que su arroba- miento con el etnicismo reinvindicatorio del régimen de Evo Morales le hizo olvidar el rasgo universal del concepto de derechos humanos, cuya vigencia es un ideal de la humanidad para todas las personas.
Algún valor didáctico tendrá rebatir mentiras de actualidad en Bolivia, con el trasfondo de un par de tesis erróneas enunciadas por Stavenhagen para América Latina. Pueda pecar de incompleta en columna como ésta, ya que sus tesis erróneas quedan chicas ante las falacias de la Constitución ilegal que se pretende embutir al pueblo boliviano, ante la contemporización socapadora de la comunidad internacional, influida por declaraciones como las del relator de la ONU en La Paz. Pero por lo menos incentivará la renovación de ideas en los que no duermen con la camiseta de la militancia ciega, ni regurgitan piensos de politiqueros dogmas inducidos por la propaganda.
Una tesis errónea, que las sociedades latinoamericanas son duales, se cumple también en Bolivia. La dicotomía de la sociedad ´arcaica´ contrapuesta a la ´moderna´ soslaya el continuo de relaciones interculturales y económicas, usualmente
desiguales, que les caracteriza. ¿Entonces, por qué suerte de obsoleta noción, la Constitución ilegal del MAS empuja un apartheid mediante la división territorial cantonalista de Bolivia, en base a 36 remedos étnicos de plurinacionalidades, con sistema jurídico diferenciado y vigencia segregada de instituciones?
Otra tesis errónea censura la noción de que el progreso llega por la diseminación de productos de la modernidad a regiones pobres. Ni duda cabe que artilugios modernos atenúan la fatiga del uso de instrumentos primitivos: díganme qué pueblo en qué culo del mundo prefiere el cuchillo de bronce al machete, el hacha a la motosierra. ¿Debemos pedirle a la cholita de celular que retorne al chasqui precolombino? Inexorable es la globalización, de la cual el difusionismo es un mecanismo, más aún después de la revolución de las comunicaciones. Que tenga aspectos negativos que inciden en la desigualdad es harina de otro costal.
Lo que cabe preguntarse es qué atávica estupidez, o qué torvo interés político, inhibe a gobiernos de aprovechar innovaciones tecnológicas de la modernidad para mejorar la calidad de vida de la gente, en especial los menos privilegiados. ¿No es acaso involutivo que se priorice el multilingüismo, cuando más que preocupados en sobrevivir que en preservar su cultura están, por ejemplo, los pocos Tacana vecinos a Riberalta? Quieren agua potable, ya que beben, cocinan y se bañan en las turbias aguas del río Beni; quieren medios de transporte para llevar sus productos al mercado.
Stavenhagen declaró en La Paz que ´resulta preocupante que el conflicto político que atraviesa actualmente Bolivia haya dado lugar a un rebrote de expresiones de racismo, más propio de una sociedad colonial que de un Estado democrático moderno´. Tiene relación con otra tesis errónea, de que la integración nacional en América Latina es producto de miscegenación. Tan falaz como alardear que toda Bolivia se integra gracias a la procreación interétnica, es presuponer, y Stavenhagen lo hace, que la enfermedad del racismo es unidireccional, es decir, de blancos en desmedro de negros, o de indios, como es el caso de nuestro país.
El ejemplo a destacar es la Constitución ilegal del MAS. En vez de la interculturalidad promovida a través de la unidad en la diversidad de la Carta Magna en vigencia, propone el multiculturalismo como base de ordenamiento territorial, jurídico, social y económico de Bolivia. Cabe cuestionar si tal sesgo será para refundar, refundir o rejoder definitivamente un país del que hace rato se discute su polonización (repartija), o su balcanización (disgregación).
Tiene varios bemoles imponer la multiculturalidad en un país mestizo (lo que no quiere decir homogéneo), sobre bases étnicas falaces y endebles. Bolivia unitaria sería caso aislado de país plurinacional sin ser una república federal. Las 36 plurinacionalidades propuestas son en su mayoría ficticias y ocultan el propósito hegemónico de una etnia —la aymara— siendo que la cultura que prevalece (no uniforme sino diversa, insisto), es la mestiza. Es discriminatorio reconocer derechos y privilegios especiales a unas etnias y no a todos: atenta contra el pluralismo que fomenta la equidad social.
Bien dicen que aplicarla en la práctica agudiza el colonialismo interno. Si la globalización muchas veces impulsa la etnofagia, el multiculturalismo es tratar a cada cultura como el colonizador trataba al colonizado: como ´nativo´ (u ´originario´ en el léxico de moda). Manifiesta un racismo al revés que desprecia las otras culturas y conspira de usar las diferencias culturales para justificar la discriminación jurídica. Propicia la desigualdad en el acceso y ejercicio del poder político. Sesga en beneficio de unos el goce de la riqueza y el aprovechamiento de los recursos naturales. El multiculturalismo llevará a la balcanización, con su consiguiente limpieza étnica y enfrentamientos internos.
Van casi 40 años de que leyera a Stavenhagen. Mucha agua ha fluido bajo el puente desde entonces, aunque el río de la historia siga siendo el mismo. Lo que parece no renovarse como el agua de los ríos, son las ideas rancias que recuerdan a una calesita por su recurrencia cíclica. Varias tienen obcecados a los que fueran electos en 2005 por bolivianos deseosos de cambios democráticos. ¿Es el remedio peor que la enfermedad?
*Winston Estremadoiro
es antropólogo.
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