En días pasados, el viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, Sacha Llorenti, ha anunciado a la prensa que el gobierno del MAS desea reconquistar a las clases medias que se le han alejado. Loable propósito, pero que le va a demandar mucho trabajo.
Los sociólogos encuentran siempre muchas dificultades en definir lo que son clases medias. La caracterización más compartida es que las clases medias no son generalmente dueñas de los medios de producción y son más bien asalariadas, aunque no viven solamente de su fuerza de trabajo y en ese sentido se distinguen de los proletarios. Tienen ahorros y rentas de su capital. De hecho, el grueso del ahorro nacional proviene del ahorro de las familias y, especialmente, de las familias de ingresos medios.
El elemento más distintivo de las clases medias es su nivel de educación: muchos de ellos son profesionales. Aún si ellos mismos no tienen mucha educación, la valoran enormemente y consienten enormes sacrificios para que sus hijos asistan a los mejores colegios y universidades.
En la sociología americana se hila todavía más fino distinguiendo entre clase media baja, clase media media y alta clase media. Si aplicamos en el país estas distinciones encontraríamos también una alta clase media, cosmopolita y políglota (aunque generalmente desconoce las lenguas originarias), que se encuentra tan cómoda en Nueva York y Londres como en Chijini. Ella ha sido frecuentemente la abanderada de la modernidad y de una nación incluyente porque estaba convencida que una sociedad con excluidos no puede progresar. A menudo ha exhibido un socialismo moderado para no pasar por troglodita. No por ser de clase media alta ni por llevar apellidos españoles o árabes o croatas o italianos se es oligarca, como repite la propaganda oficial, o se es una clase parasitaria como dice el panegirista brasileño del MAS, Marco Aurelio García.
Es a las clases medias en general que el señor Llorenti tendrá que conquistar. Tendrá que convencerlas que retornar al incario y a la economía comunitaria (de los ayllus), en vez de participar en una economía moderna y globalizada, está en su interés. Deberá persuadirlas de que la inflación de 11,7% del 2007 es buena para la salud porque está acompañada de un boliviano fortalecido. También tendrá que convencerlas que la Renta Dignidad es mejor que buenas posibilidades de trabajo, que les den un margen de ahorro para seguir gozando de sus niveles de bienestar cuando envejezcan.
Más de coyuntura, el señor Llorenti tendrá que explicar por qué 50 comunarios de Hampaturi han impedido el arreglo oportuno de la aducción por EPSAS y han dejado a 250.000 paceños sin agua, una gran parte de ellos de la zona Sur, reducto de la clase media. Más de fondo, tendrá que explicar por qué EPSAS lo hace significativamente menos bien que Aguas del Illimani en asegurar el servicio.
No creo que la Constitución del MAS sea un buen sahumerio de seducción. Según ese texto, los bolivianos que no hablan una lengua indígena no gozarán de ciudadanía completa, ya que no podrán aspirar a la función pública. Además, ¿quién juzgará su competencia lingüística? Por otra parte, no se sabe bien la suerte que correrán sus ahorros para la vejez, al impedir el funcionamiento de las AFP. Tampoco se sabe qué alcance tendrá la educación ´descolonizadora´ y si no representará una limitación a su derecho de elegir la mejor instrucción para sus hijos. Tampoco podrán viajar por todo el país sin resquemores, porque si tienen un percance dentro del ámbito territorial indígena originario campesino, les aplicarán la justicia comunitaria sin apelación posible.
El desafío más grande, empero, para el Sr. Llorenti y el MAS en la operación seducción es ofrecer una visión coherente del país y del mundo. Por su educación, las clases medias son escépticas y poco receptivas a mensajes que no estén cuidadosamente articulados.
*Juan Antonio Morales es economista.
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