Las familias pobres de Beni son las víctimas de las inundaciones Los afectados son hogares de la periferia de Trinidad y de las áreas rurales de los municipios benianos. Algunas personas se quedan en sus casas inundadas por temor a perder sus bienes.
CULTIVOS PERDIDOS • Un joven beniano camina ayer dentro de un terreno con plantaciones de arroz. Las inundaciones dañaron todo el producto en el departamento de Beni.
Hace cuatro días Ángel Chávez no duerme. “Tengo miedo de que se caiga el resto de la pared y aplaste a mi familia”, explica el hombre de 55 años, que al igual que centenares de familias de la periferia de Trinidad no tienen las posibilidades de abandonar sus anegadas viviendas. El temor de perder sus pocas pertenencias, la falta de recursos para trasladarse o el deseo de no vivir hacinados en los precarios campamentos que se alzan en esta ciudad son las razones para permanecer sobre el agua y arriesgar sus vidas. “No tenemos a dónde ir. Ni siquiera hules para armar una carpa en la Circunvalación”, lamenta Chávez.
En la comunidad rural de Mangalito, entre tanto, los campesinos perdieron bajo el rebalse sus hogares, gran parte de sus animales y la totalidad de sus cosechas. Por ocho días, José Salvatierra y su esposa —ambos de la tercera edad— tuvieron que refugiarse en uno de los árboles de su parcela, alimentándose de yuca. “No tenía los 100 pesos (bolivianos) que me pedían los lancheros para llevarme hasta el pueblo”, se queja el anciano.
Así, el desastre que azota a Beni golpea con mayor fuerza a la gente más pobre y humilde.
En Nueva Trinidad, Ángel Chávez y su esposa duermen en el patio de su casa, estructura de la cual ya colapsó una pared de barro debido a la humedad. El agua cubre los tobillos en gran parte de la vivienda y el resto de la casa está lleno de barro, lo que hace casi imposible movilizarse. Unos pasos más allá, en el hogar de la familia Hurtado-García, tablas y ladrillos son utilizados como improvisados puentes que conectan a siete personas a los distintos cuartos. Estos elementos, además, son usados en todas las casas anegadas de Beni para elevar los catres del nivel del agua. Como no existe ningún espacio seco, Ximena (15) construyó sobre una mesa un fogón en el cual cocina sus alimentos. Pasará un mes antes de que baje el nivel del agua y seque el barro.
El miedo de perder sus pertenencias hace que muchos damnificados no dejen su hogar. “Mandé a toda mi familia al centro (de la ciudad) y yo me quedé junto a mi nieto para cuidar la casa. Hasta las tejas se robarían si me voy”, dice Alejandro Yarena (65), mientras intenta sacar el agua que humedeció los muebles de su dormitorio.
Los resfríos son frecuentes entre la gente que vive sobre el agua. Además, los niños presentan cuadros de diarrea, fiebres y problemas en la piel debido al contacto con el agua. Uno de los menores afectados es Joselito (5), quien camina sin chinelas por las turbias aguas donde ya se observan manchas cafés. “Está con hongo y afiebrado”, cuenta el padre, Nilson Jiménez, cuya vivienda lleva cuatro días anegada. “Más bien bajo el agua, pero la humedad hizo que el techo se baje”, dice. En esta casa, un madero intenta evitar el colapso de la pared. “Dicen que va a llover, ¡Dios nos ayude!”, masculla.
En el área rural, los víveres entregados por la Prefectura no abastecen. Álex Mauma, en la provincia Moxos, debe salir en su canoa en busca de las reses muertas para alimentar a su familia.
En Reyes y Santa Ana de Yacuma las inundaciones amenazan a zonas rurales y pobres, no así a las urbes, según sus alcaldes José Roca y Guillermo Antelo, respectivamente.
LA PREVENCIÓN
Santa Ana de Yacuma • Su alcalde, Guillermo Antelo, dice que se refuerza el anillo de circunvalación con tierra. Teme que las zonas rurales se inunden, por ello prepara carpas para evacuar a las familias y demanda alimentos.
Reyes • El alcalde José Roca informó que las zonas rurales de su municipio están inundadas y que este fin de semana repartirá alimentos comprados con recursos ediles. Demanda ayuda de la Prefectura y del Ejecutivo.