Trinidad, una isla fortaleza que fue sitiada por La Niña INUNDACIÓN • El agua de los ríos desbordados no ingresó a la capital del Beni. Los damnificados piden alimentos porque no tienen ayuda.
EN LA PERIFERIE • Un grupo de trinitarios se traslada en canoa, ayer, buscando rescatar algunos objetos de las casas.
Trinidad, la capital del Beni, es hoy una isla en medio del gran lago formado por las inundaciones de La Niña, que acorralan a esta ciudad de la Amazonia boliviana convertida también en fortaleza contra el agua.
El sobrevuelo por la zona ofrece la imagen de un mar salpicado por verdes arrecifes: las copas de los árboles de la frondosa región del Beni, que según las estimaciones de medios locales tiene más del 80% de sus 200.000 kilómetros cuadrados anegados.
Lo que más llama la atención al llegar a Trinidad —después de las innumerables motocicletas, casi tantas como mosquitos— son las hileras azules que conforman los hogares que han improvisado los afectados por las inundaciones.
El agua que ha traído este año La Niña empuja con fuerza el anillo de circunvalación que protege la ciudad, desbordado ya por la zona sur, lo que ha obligado a los habitantes del exterior a abandonar sus casas.
Fuentes oficiales calculan que más de 17.000 personas están durmiendo bajo techos de lona o casetas montadas con palos de la forma más improvisada que se amontonan en las carreteras de las zonas altas. Bajo una de esas carpas azules vive Dora con sus ocho hijos, pero se puede considerar una privilegiada porque no está en una cuneta, sino dentro de un campamento que tiene hasta seguridad, gracias a la custodia de unos cuantos militares.
Hace ya más de una semana, Dora tuvo que salir de su casa con lo puesto, escapando de la inminente llegada del agua a su pequeña propiedad, a unos pocos kilómetros del centro de Trinidad. Encontró refugio en un campamento, dentro de la circunvalación. Allí dejó a su ´mujercita´, la hija mayor, a cargo de otros cinco de sus pequeños. Ella regresó con su marido y sus ´dos hombrecitos´ a la casa familiar, para intentar rescatar todo lo posible del desastre de las aguas.
´Allí pasamos la primera noche, matando víboras´, dice resignada Dora. No es casualidad que su comunidad se llame El Pantanal. Pero finalmente su hogar ha quedado totalmente anegado. ´Ya no se puede entrar ni a ver, hasta el techo está debajo del agua´. Dora y sus hijos malviven estos días bajo una lona azul sostenida por palos que pocos de los refugiados creen que alcance para ser llamada ´carpa´.
Dentro, el calor es sofocante y fuera, el sol abrasador. Eso si no llueve a cántaros, como lo hace en esta zona sur de la cuenca amazónica, porque entonces el fango lo invade todo.
Casi todas estas viviendas improvisadas responden más o menos a la misma distribución: camas desvencijadas y, haciéndose hueco, alguna cocina y alguna mesa si se pudieron rescatar de la inundación.
Aunque de lejos podría parecer que no están tan mal, basta acercarse un poco para comprobar la precaria situación en que los benianos viven su desesperación.
Y también, hasta en el más absoluto de los desamparos, existen clases y privilegiados. Lo son quienes acceden a los auténticos ´palacetes´: las carpas donadas por la cooperación internacional.
Dora no sabe qué van a comer sus ocho hijos. Pero, sin embargo, su situación no es de ´riesgo alimenticio´ porque se supone que no ha perdido su medio de vida, según las autoridades locales.
Por este motivo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU no se hace cargo de casos como el suyo.
La Prefectura (gobierno departamental) sólo ha repartido víveres una vez, hace unos días, cuando se preveía una avenida de aguas que ponía en riesgo los diques de Trinidad.
Pero el PMA y las autoridades locales consideran que los refugiados que ´no han perdido su medio de vida´ se deben procurar la comida por sí mismos, porque si recibieran alimentos dejarían de trabajar, como aseguran que sucedió el 2007, con las inundaciones provocadas por El Niño.
Dora formula una denuncia: ´Cuando hay campaña, ellos están en la zona mirando quién los apoya. Ahorita no hay nada´. Se refiere a los políticos. Trinidad, EFE
DAMNIFICADOS
Los afectados • Un reporte de la red ATB señala que en Trinidad hay 3.566 familias de la ciudad y de zonas rurales que viven en carpas. En ellas habitan un total de 16.753 personas que aún necesitan ayuda, especialmente alimentos.