Esta pregunta se la han planteado muchos matrimonios. Algunos, al no encontrar respuesta satisfactoria se han desecho con graves consecuencias, al menos para los hijos. Otros matrimonios han sabido sobrellevar crisis, tal vez porque han entendido, quizá inconscientemente, que al ser la persona humana un ser relacional por naturaleza, necesita vivir junto a otros seres humanos unido por fuertes vínculos (en este caso, familiares). ¿Qué tiene que ver esto con la actual coyuntura nacional?
Ante los fantasmas del separatismo y de la balcanización que rondan en y a Bolivia, no está demás que todos los que vivimos en esta tierra nos preguntemos: ¿para qué vivimos juntos? El primer paso para responder es indagar qué beneficios obtenemos de la convivencia, así como las cosas que perdemos. Porque ciertamente perdemos algo cuando decidimos vivir en tal o cual región, en tal o cual país. Si el balance es negativo, uno suele tratar de cambiar la situación, como lo hace aquella pareja que opta por el divorcio. Ahora bien, tal balance no implica que la situación vaya a empeorar inexorablemente. Como en cualquier crisis, como en cualquier realidad transitoria, cabe esperar un mejoramiento que dependerá naturalmente de las decisiones y las acciones encaminadas a tal fin.
Concretando, la unión de la patria dependerá de que la mayoría de sus habitantes estemos convencidos de que a pesar de algunas pérdidas, son ampliamente más las ganancias de vivir juntos en este pedazo de tierra que llamamos Bolivia. Si en algún momento creyéramos que perdemos más de lo que ganamos, recordemos lo que se decía en un inicio: que somos criaturas relacionales, que necesitamos de los demás. Y si en el peor de los casos objetivamente fueran más las desventajas, en vez de optar por un camino análogo al divorcio, deberíamos optar por recorrer la esforzada, pero satisfactoria vía de la lucha decidida por hacer el bien.
*Jorge Eduardo Velarde R. es cientista político.
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Todos tenemos posiciones diversas ante el secuestro. No es algo claro como el robo de un automóvil; penetra y retuerce nuestros sentimientos sin que podamos entenderlo con facilidad. Un artículo de Antanas Mockus
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Tras mucho sufrir desarrollé otro invento que, ese sí, sería mi pasaporte a la gloria: la nulajección. No duró mucho.
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Pese a que la política no se puede frenar en seco, pase lo que pase, ha sido muy saludable que oficialismo y oposición hayan depuesto sus enfrentamientos ante un verdadero desastre nacional