Los norteamericanos, me refiero a Al Gore y compañía, le echarían la culpa de las inundaciones del Beni al calentamiento global, a la sobre industrialización, a esas ganas que tiene ahora no solamente el mundo anglosajón, sino la China y la India de vivir mejor, porque están cansados de vivir mal, aunque algunos ilusos crean que eso es vivir bien.
Los pachamamistas lo responsabilizarían a Evo, porque la Pachamama (por cierto, ¿cómo se dice Pachamama en aymara?), que es una deidad bastante brutal, no puede estar contenta con esa inversión de valores en el mundo andino que Evo significa. ¿Dónde se ha visto que un ch’ulla sea autoridad? Y aquí a falta de uno, hay dos. Si se leyera en coca, de seguro que saldría que el problema está en el k’encherío al que están sometiendo a toda la comunidad boliviana estas autoridades que no entienden de la importancia del equilibrio entre lo masculino y lo femenino, ¿acaso no saben que hasta piedras macho y piedras hembra hay?
Los escépticos por supuesto se estornudan en las sonseras pachamamistas, saben que la naturaleza es un concepto más complejo que el primitivo animismo que significa el culto a la Madre Tierra, o a la Grandísma Madre, que sería en realidad una traducción más acertada para Pachamama. Y saben, por el otro lado, que don Evo es un tipo de suerte, jamás ha habido en la historia de Bolivia un mandatario que disponga de tanto dinero, y eso hace la diferencia, como diría Clinton, y lo repitió Mesa: “¡Es la economía, estúpido!”.
Ahora bien, quienes leen y, además, sin escudriñar groseramente sus arrugas, escuchan a sus mayores, podrán tener una respuesta más acertada respecto a las inundaciones del Beni. Hasta yo, que todavía no califico para la dignidad que está regalando el Gobierno, me acuerdo de haber visto en mi niñez fotos de gente moviéndose en canoa por las calles de Trinidad; me acuerdo también de cuando las aguas inundaron el hotel Los Tajibos en Santa Cruz, sucesos de hace casi 40 años, en el primer caso y hace más de 20 en el segundo.
Lo cierto es que el Beni se inunda periódicamente, que pese a su belleza y a sus dorados playones es una tierra difícil; por algo a pesar de su paisaje ubérrimo, se ha mantenido casi deshabitado hasta antes de ayer. Esta verdad, así como las heladas del altiplano y la poca lluvia y falta de terreno fértil en los valles, son factores que nos ayudarían a entender nuestra realidad, si en vez de creer que el (primer) mundo nos estafó, y que nuestras elites siempre fueron de lo peor, entendiéramos que tal vez lo único de lo que podemos estar orgullosos como bolivianos es que, a pesar de todas las desventajas geográficas, hemos luchado tercamente por ser un país. Hasta nos daría pena destruirlo.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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