Este héroe del ring, el cine y el cómic luchó contra criminales, vampiros y momias. Hoy, es una leyenda.
Texto: Con datos de periodicodigital.com.mx Fotos: EFE, Carlos Rodo y www.hispanicprwire.com
Hombre rojo, Murciélago II, Demonio negro. Varios fueron los apodos a los que respondía Rodolfo Guzmán Huerta. Sólo uno de éstos le llevó a dar la vuelta al mundo: Santo, el enmascarado de plata. Un sobrenombre y una máscara plateada que no tuvo parangón.
24 años se cumplieron este febrero de su despedida definitiva del mundo. El enmascarado murió prácticamente en plena faena. Sucedió el 5 de febrero de 1984, mientras protagonizaba una representación en el Teatro Blanquita del Distrito Federal. Con su muerte expiraba una de las figuras más \'kitch\' de América Latina. Todo México lloró la ausencia de quien muchos consideraban ya su héroe con mayúsculas.
Musculoso, fuerte y ágil, nació el 23 de septiembre de 1917 en Tulancingo (México). Carismático y de gran presencia física, a los 30 ya llenaba cada noche las arenas donde peleaba. Con su máscara, con su figura, cargó de significado esta práctica deportiva. Terminó convertido en un héroe popular, símbolo de la justicia.
No fueron pocos ni banales los enemigos que encontró el Enmascarado de plata en su camino. Sicópatas, monstruos del espacio, maléficas hechiceras, gángsters, mujeres vampiro, momias vengativas y científicos locos. Poco le importó. Uno a uno, los doblegó en un alarde de heroicismo.
A los 26 años, el plateado sufrió su derrota más dolorosa. Cuando besaba la cúspide, \'Tarzán\' López le arrebató un Campeonato Mundial de Peso Medio que ya acariciaba con los dedos. Cual ave fénix, consiguió resurgir de sus cenizas y regresar al lugar que le pertenecía. Eran los años 50 y el entonces \'Hombre rojo\' decidió probar suerte en otros campos.
El ´rey del cuadrilátero´ ingresó así en la cinematografía cubana, con ´Santo contra el cerebro del mal´ y ´Santo contra los hombres infernales´. Fueron las primeras de muchas experiencias.
No satisfecho, probó suerte con el cómic, donde cosechó similares éxitos. Sobre todo, gracias al dibujante José Guadalupe Cruz, quien lo convirtió en el primer personaje fantástico de la literatura popular. La tirada de sus aventuras habla por sí sola de la rotunda celebridad que cosechó el mexicano: Superó el millón de revistas semanales vendidas.
La fama que alcanzó entre los más jóvenes le llevó a cambiar su rol de luchador: Ya no era necesario ser el malo de la película. Mimó con sumo cuidado el cariño que le profesaba el público.
Buena cuenta de ello dan sus filmes de principios de los años 80, como ´Santo contra los zombies´, ´Santo contra el rey del crimen´ o ´Santo contra el cerebro diabólico´, esta última con una de sus luchas más encarnizadas, en la que midió sus fuerzas contra el diabólico Doctor Zuko.
El reconocimiento internacional le llegó en 1982, gracias a ´Santo contra las mujeres vampiro´. Su máscara atravesó las fronteras americanas, sobre todo hacia países como Francia, Líbano, Marruecos, Egipto y Turquía.
En ambos escenarios, cuadrilátero y pantalla, se mostró siempre celoso de su identidad: Nunca se quitó la máscara. Para comer usaba una con la boca más abierta.
Con el tiempo, la audiencia comenzó a mirar para otro lado. la estrella del Santo se apagaba al tiempo que aumentaba su edad, que ya rondaba las siete décadas, por lo que optó por el retiro.
Alejado de los focos, el Santo participó en un programa de televisión. De repente, sin previo aviso, se despojó casi por completo del antifaz que había defendido invicto durante décadas. A la postre, sería una señal premonitoria.
El final de la historia es conocido: El 5 de febrero de 1984, unos dolores en el brazo y en el pecho fueron el preludio de su definitivo adiós. Un infarto de miocardio confirmó los peores pronósticos. Dejaba de existir una de las leyendas más grandes del deporte mexicano. El hombre que marcó una época dentro y fuera de los escenarios, encima y debajo del ring, adelantó su definitivo viaje. Tenía 67 años. Frente a la muerte, él tampoco se despojó de su brillante máscara plateada en su funeral.
Pese a que la ciencia asegura que Rodolfo Guzmán Huerta murió ese día, Santo, el enmascarado de plata permanece muy vivo a través de sus películas, de su hijo menor —que ahora lleva su máscara— y en el corazón de todos y cada uno de los fieles que dejó.