En el tema de los minerales no-metálicos, quiero referirme a las piedras preciosas y semipreciosas; a las gemas en un sentido amplio, muy poco conocido y peor manejado en el país en sus distintos niveles. Bolivia no figura entre los que se llaman países productores ni tiene un mercado significativo en el rubro. No tenemos la suerte de Botswana, Rusia, Australia o Canadá, que poseen una producción de diamantes con valores entre 24.000 y 13.000 millones de dólares anuales, o el mercado de EEUU que significa el 35% del comercio mundial de diamantes y un valor en otras piedras preciosas y semipreciosas que supera el billón de dólares. Esto da una idea de lo que es el rubro, que al margen de diamantes trata de la producción y comercialización de rubíes, zafiros, esmeraldas, topacios, aguamarinas y perlas (naturales, cultivadas o imitaciones) entre los ítems principales.
Todo parece indicar que puede haber ambientes geológicos adecuados para diamantes en el país y de hecho se han encontrado algunos en arenas de ríos que drenan la serranía de Huanchaca en Santa Cruz, en el río Tequeje en el norte de La Paz y en la zona de Independencia en Cochabamba, donde hay afloramientos de kimberlita, la roca típica asociada en la que se determinó microcristales de diamante. Ahora bien, las inversiones para explorar y desarrollar estas áreas siempre han estado lejos del alcance del país por razones que hacen a la débil y cambiante legislación del sector minero y al hecho que el negocio y mercado de estas gemas está dominado por un puñado de empresas que encabeza el grupo De Beers. Éste controla el 40% de la producción mundial y el 45% del comercio.
Además de diamantes, en el oriente del país se tiene noticias de hallazgos de topacio, berilo (en las variedades aguamarina y heliotropo); turmalina en la variedad rosada rubelita, cuarzo en la famosa variedad ametrino o bolivianita; piedra única del país y una variedad de granates. Otras piedras menos valiosas como la sodalita, crisocola crisoberilo, circón y una interesante variedad de fosfatos más bien de colección se hallan en la Cordillera y el altiplano. Representan las “joyas de la familia” para nuestro sector minero tan venido a menos.
¿Cómo vamos a desarrollar estas riquezas si tenemos problemas para batirnos con las veleidades del sector tradicional de nuestra minería metálica? Un interesante estudio del Banco Mundial (Where is the wealth of nations?) dice que la riqueza se compone de tres elementos clave: el capital natural (bosques, minerales, acuíferos, tierras fértiles etc.), el producido (fábricas, infraestructura industrial y urbana, servicios, etc.) y el intangible (educación, calidad de instituciones, Estado de Derecho, transparencia, estabilidad, creencias y actitudes, etc.). De esos tres factores, el decisivo es el capital intangible que equivale a las cuatro quintas partes del capital total, porque es el que permite la conversión de la riqueza natural en riqueza creada. De nada vale un pozo de petróleo o una mina de diamantes, administrados por un grupo de gente incompetente en medio de una sociedad caótica.
La joyería, tan relacionada al tema que estamos tratando, en la última gestión tuvo un valor de exportación de $us 66 millones; importante para una economía como la nuestra pero más aún como indicador de un nuevo nicho económico que se debe planificar, normar y explotar adecuadamente.
*Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, ex ministro de Minería y Metalurgia.
Federalismo
Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Canadá, Comoros, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos de América, Etiopía, India, Malasia, México, Micronesia, Nigeria, Pakistán, Rusia, Saint Kitts y Nevis, Sudáfrica, Suiza y Venezuela son los 23 países federales que hay en el mundo.
Con mucho dinero y pocas ideas
Apesar de la bonanza de ingresos que vive Bolivia, que debiera prepararnos para dejar en un futuro próximo esta situación de pobreza secular, parecieran no existir condiciones que permitan pensar en que ésta es la oportunidad histórica para dar el salto a un Estado moderno enrumbado en el siglo XXI.