Apesar de la bonanza de ingresos que vive Bolivia, que debiera prepararnos para dejar en un futuro próximo esta situación de pobreza secular, parecieran no existir condiciones que permitan pensar en que ésta es la oportunidad histórica para dar el salto a un Estado moderno enrumbado en el siglo XXI.
Qué lejos estamos de una clase política y líderes sociales que inicien la discusión sobre la necesidad ineludible de contar con un “imperio de la ley”, un buen sistema de derechos de propiedad o una burocracia profesional; factores que, entre otros, hacen a un Estado preparado para el crecimiento económico y el desarrollo de su pueblo.
La tradición cultural, casi imposible de modificar debido a la ausencia de liderazgos políticos capaces de propugnar nuevas formas culturales de organización, acción y gobierno, contribuye a lo oscuro del panorama. Es que queda claro que se rifó la oportunidad de discutir y consensuar con responsabilidad y sabiduría estos temas, en un amplio y serio proceso pre constituyente y en una Constituyente que fuera capaz de elaborar un texto acorde a las necesidades de desarrollo de casi nueve millones de habitantes, que no sólo aspiran a “vivir bien” sino también a “vivir mejor”.
Es hora de demandar y producir nuevas propuestas para la cultura y la naturaleza de las instituciones públicas y privadas de este país, pues nada se ha resuelto hasta ahora ni se ha de resolver con poses y atrincheramientos que responden a intereses limitados e incluso antinacionales.
Las elecciones políticas han de ser determinantes en la definición de la senda de desarrollo o el camino al nuevo oscurantismo y la confirmación de la inviabilidad nacional. La definición de las futuras contiendas, muchas de ellas electorales en manos del pueblo, posibilitará o no el surgimiento de las nuevas visiones que permitan crear instituciones con mayor grado de legitimidad política ante el pueblo y con alguna resonancia en la cultura e impacto sobre las instituciones preexistentes. Para ello la contribución de todos los bolivianos se hace imprescindible ante esta sequía de propuestas e ideas serias en el campo de la economía y la política.
Sólo así será posible comenzar la construcción de un Estado moderno que se proyecte al futuro en condiciones más favorables.
* José Luis Bedregal V. es especialista en Gestión Pública.
Federalismo
Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Canadá, Comoros, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos de América, Etiopía, India, Malasia, México, Micronesia, Nigeria, Pakistán, Rusia, Saint Kitts y Nevis, Sudáfrica, Suiza y Venezuela son los 23 países federales que hay en el mundo.
Las joyas de la familia
En el tema de los minerales no-metálicos, quiero referirme a las piedras preciosas y semipreciosas; a las gemas en un sentido amplio, muy poco conocido y peor manejado en el país en sus distintos niveles. Bolivia no figura entre los que se llaman países productores ni tiene un mercado significativo en el rubro.