Raymond Aron sostiene en su obra Dimensiones de la Conciencia Histórica: ´Los acontecimientos que incitan el conocimiento histórico son los que se relacionan con valores: valores afirmados por los actores o por los espectadores de la historia. La selección histórica está dirigida por las preguntas que el presente hace al pasado´.
La historia merece ser conocida y recordada para que no se la repita. Y una gama variopinta de actitudes y medidas que estamos viviendo (con ciertas especificidades y matices) ya lo hemos vivido en un reciente pasado. Es por ello, que para quienes queremos contar con una Constitución Política genuinamente democrática, además que deseamos vivir en un país que respete el Estado de Derecho, es inadmisible que sea el mismo presidente quien arengue a movilizaciones armadas y textualmente diga que los compañeros le dicen ´Hazte respetar y si no puedes, danos armas para hacerte respetar´.
La historia mundial en general y la boliviana en particular nos demuestran que para construir un sistema político estable basado en preceptos democráticos, el fin no justifica los medios y que lo que empieza mal termina mal. Es por ello que se debe rescatar la memoria y las lecciones de la historia para no caer en la trampa de que el ´momento histórico´ lo justifica todo. Y, bueno, las últimas declaraciones del Presidente espero se mantengan en una de las ya tantas anécdotas presidenciales y no puedan tomarse como pretexto para intentar justificar lo injustificable.
Porque por encima de la intencionalidad del discurso del fin de semana, la inmensa mayoría de los bolivianos se identifican con los valores democráticos. A gusto o disgusto, no se puede negar que los valores que reivindica el presente nacional, sí o sí son de carácter democrático: equidad, transparencia, concertación, igualdad, participación, tolerancia, pluralismo, interculturalidad, apertura, diálogo y universalismo, evidenciando que los valores bolivianos del nuevo siglo son democráticos. Al menos, en los términos concebidos por la filosofía política liberal.
Por estas razones, las prácticas de irrespeto a la Constitución y a la ley; la prepotencia y abusos del Ejecutivo frente a las otras funciones del Estado, la creencia de que llegar a la Presidencia significa adquirir poderes omnímodos para declarar lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es algo que no se puede olvidar. Y la izquierda debe abrazar sin concesiones a la democracia y el respeto a los derechos ciudadanos.
Con el trasfondo de estas consideraciones, mi preocupación reside en que, no obstante las diferencias ideológicas y de contexto, es necesario recuperar la memoria histórica y evitar que el pasado reciente vuelva a destruirnos y que como nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes y representantes sigan detrás de la puerta, haciendo oídos sordos a los gritos del conjunto social, los mismos de siempre o los nuevos como siempre, hagan lo que les venga en gana.
En fin, nuestra democracia es una realidad que está más allá de los afectos o desafectos que pueda suscitar. Por lo demás, la ciudadanía boliviana espera contar con un gobierno que sea capaz de unificar al conjunto poblacional, convocar amplios consensos y que vea en la diversidad de ideas, riquezas y no amenazas.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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