En pleno centro de Santiago, a pasos de tradicionales edificios públicos y paseos peatonales, se avistan pequeños locales con vidrios oscuros que impiden observar lo que pasa en su interior: son los café con piernas, atendidos por camareras ligeras de ropa y sueltas de lengua con cuerpos cada vez más esculturales.
Alí Babá, Cake o Bubalu son algunos de los nombres que cuelgan desde el exterior de los pequeños locales —unos 200 en todo el centro de Santiago— con brillantes letras de neón.
Desde hace un par de años, el bisturí parece ser el mejor aliado del negocio, con camareras que lucen cada vez más voluptuosas, gracias a implantes de senos y liposucciones, pagadas en la mayoría de las veces por los propios dueños de los cafés, quienes luego descuentan mensualmente a sus empleadas. Santiago, AFP