Largos rizos cobres resaltan su piel bronceada, mientras una mirada profunda y un andar seguro enfundado en altas botas marcan su paso y también el ritmo del café La Terraza.
El reloj ha corrido algo más allá de las nueve y el sol calienta la mañana paceña sobre el patio de la cafetería en San Miguel. Ha llegado Pilu, la dueña del café.
Sonriente y amable se apresura en despachar algunos menesteres del trabajo para sentarse a tomar un café y conversar con una amiga, mía.
La charla comenzó recordando los comienzos de su cafetería y del romance con quien hoy es su esposo...
Pilar A.- Diego (Ormachea) había llegado de estudiar en Estados Unidos, nos presentó una amiga y empezamos a salir, pero sin proyecto de nada. Al final, se dio. Seis meses antes de casarnos empezamos a proyectarnos para abrir un boliche, no sabíamos qué rubro. Éramos amigos, aunque no muy cercanos con Mauricio (Franulic) y su esposa. Así que dijimos... Abramos un boliche. Y como quien se divierte en una reunión buscamos un local y fuimos a verlo, pero por fregar. Detrás venía otra persona a alquilar ese local y eso nos animó a tomarlo y pagar el primer mes, aunque no sabíamos para qué.
Ese mismo día, al salir de firmar y dar la garantía, nos paramos en el arbolito de afuera y los cuatro nos preguntamos... Y ahora qué hacemos. Así decidimos abrir un café, hace nueve años... Nueve años de matrimonio y nueve años del café (ríe).
¿Por qué un café? Mi madre, mi familia es española. Yo he pasado mucho tiempo en España y cuando venía aquí, extrañaba mi rutina de cafés. Allá todo era café y aquí, realmente me hacía falta, hasta que abrieron uno. Era un lugar tan frío, pero yo me emocioné y dije a Diego, con quien entonces enamorábamos: \'¡Listo! Se cubrieron mis necesidades\'. El día que me fui al lugar, pasaron eventos con otros clientes y dije: \'Así no te puede marchar bien un negocio\'. Me barrieron los pies como a las nueve de la noche y entonces me di cuenta que extrañaba un ambiente como en España...
Hace nueve años, en La Paz, era tradicional el té, especialmente entre las damas... ¿Cómo acoge la gente un café? Pensamos cómo y qué ambiente se le iba a dar; si el lugar debía ser familiar o de amigos... Al final, se definió el estilo. Un sitio donde te puedas sentar solo a leer el periódico, puedas estar en la barra o donde una mujer pueda entrar sola y fumar un cigarro tomando un café, sin sentirse incómoda...
Parece que se ha logrado eso. Hay gente desde temprano hasta tarde en la noche... Quería un lugar que te dé confianza y creo que se ha logrado. Al final esto se ha vuelto un club más que una cafetería, todo el mundo se conoce y llegan personas solas, porque saben que se van a encontrar con un montón de gente. Lo que al principio eran diez mesas, de diez clientes diferentes, ahora se han reducido a tres, porque todos se han vuelto amigos; en ese aspecto es bonito ver lo que se ha logrado.
¿Qué sabor queda en ti de este café? ¿Qué te atrapa de este negocio? ¿Tal vez la gente? Hace montonada de tiempo me llegó un mail que dice que en la vida hay que tener un amante... Y te explica que es el que te hace acostarte, el que te pone las ilusiones para levantarte, el que te llena la cabeza de proyectos todo el día y yo he definido al café La Terraza como amante mío. Es con lo que me acuesto en la cabeza, a lo que le meto ganas y con lo que me proyecto todo el día. A mí me gusta estar rodeada de gente, aunque cuando llego a mi casa, me dedico a mi familia y no me gusta invadir con nada externo ese espacio que es sagrado. Tampoco invado el café, como que a mis hijos no los traigo, al final es mi trabajo y no me gusta meterlos en el ambiente, no porque sea malo o no sea familiar, pero no me gusta. Por eso, el rato que llego a mi casa me desconecto de todo y mi mundo son solamente ellos, Andoni (7) y Thiago (5). Pero a mí me encanta estar con gente y esto da salida a todo lo que soy yo, Pilu.
¿´La Pilu de La Terraza´? Sí. Me gusta escuchar, me gusta aconsejar; creo que lo último que se ha vuelto este café es un lugar de chismes. Me han contado muchas vidas, muchas historias; se podría escribir un libro tan divino con alegrías, dramas y tristezas y todo eso se ha quedado detrás de una barra, como un confesionario. Esas experiencias te dan ganas de continuar con el boliche...
¿Tu esposo no reclama algunas tardanzas por la noche? Esto es locura, locura llevar esto y una familia. Primero que mamá trabajadora siempre va a ser locura, sea el caso que sea. Entonces, trato de partirme, aunque el beneficio que me da este negocio, es la libertad cuando tengo que ir a recogerlos del colegio o cuando tengo una emergencia, desde sus actividades hasta el pediatra. En tiempo y calidad no les he quitado nada. Con mi marido, es fregado, porque trabajamos en lo mismo. Muchas veces, al llegar a la casa, no se acaba el tema del café, aunque tiene su empresa constructora, él se encarga de la parte financiera y administrativa de la cafetería. Entre los dos combinamos para que la operación salga perfecta, pero te encuentras con que tu marido es tu socio y hay ratos en los que no puedes despegar la sociedad del matrimonio, y por ese lado se hace difícil, pero también tienes algo más fuerte. Yo creo que un matrimonio que supera estas dificultades es un matrimonio que tiene fuerza.
Algunas mujeres caminan con mucha seguridad, así como tú; desprendiendo en cada paso un algo. ¿Qué es? ¿Sabes qué se llama eso? Vivir feliz. Desde que pasé por algunos eventos aprendí que en la vida todos los problemas se resuelven, menos la muerte. He aprendido a disfrutar mi día a día con todo. Los problemas me pueden ofuscar, pero el local me salva, porque si tengo un problema, al cruzar por la puerta estoy obligada a dejarlo, no lo puedo meter a mi trabajo. Y si el café me trae un problema, conversó con alguien y listo, se despejó. Pienso que la sonrisa mejora tu estado de ánimo en el día, trato de sonreír desde que entro, y es porque soy una persona feliz.
¿Qué te ha dado esa felicidad? Creo que la vida me ha dado todo, todo lo que se le puede pedir. No le puedo pedir más. Tengo a mis hijos sanos, tengo a mis padres conmigo, mi familia está unida. Mientras tenga salud y mis seres queridos la tengan, lo demás se arregla, tarde o temprano, se arregla.
Pilu, tienes una figura envidiable luego de dos bebés... ¿Qué haces? Suerte. Soy una floja para el gimnasio, pago mensualmente para ir tres veces al mes, la primera semana. Y los aparatos para casa están debajo la cama. Y encima me encantan las cochinadas que engordan, pan, pizza, hamburguesa. Pero ni siquiera sigo una dieta saludable. Es suerte, porque con mi primer hijo subí 16 kilos y al mes estaba en mi ropa y con mi segundo hijo, subí 17 kilos y al cuarto día vestía mi ropa, o sea es suerte.
Siempre de jeans y botas... Esa soy yo.
Pero, ¿qué es lo que más cuidas de tu apariencia siempre diferente en un mismo estilo? Mi pelo y mis uñas, deben estar impecables. Puedo ir con lo que sea, pero mi pelo y mis uñas deben estar perfectas. mía
... alegrías, dramas y tristezas y todo eso se ha quedado detrás de una barra, como un confesionario.
el perfil Pilar Abularach Jiménez nació en La Paz. Hoy, 21 de febrero cumple 35 años. Estuvo en varios colegios y se graduó de abogada de la Universidad Católica Boliviana. Es experta en Recursos Humanos y tramita el título de máster en la misma disciplina. Trabajó en aeronáutica civil y actualmente administra su negocio, un concurrido café.
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