Era septiembre del 85. Estábamos en el Palacio de Convenciones de La Habana, en una reunión continental sobre la deuda externa, cuando llegó la noticia: el Gobierno boliviano había apresado y confinado a los dirigentes sindicales para frenar las protestas contra su política económica. En un intermedio de la reunión, comentábamos la noticia entre los colegas de la delegación boliviana, sin percibir la presencia de nuestro anfitrión, Fidel Castro, hasta que éste rompió su silencio sólo para pedirnos algunas aclaraciones.
Diez horas después, en el resumen del debate que hacía todos los días, Castro denunció lo que estaba ocurriendo en Bolivia. Con profundo conocimiento de los actores del proceso político boliviano habló de cada uno para explicarle a una platea internacional las causas que llevaron al decreto 21060 y sus previsibles consecuencias económicas y sociales para concluir en porqué los latinoamericanos debíamos negarnos a pagar una deuda que no habíamos contraído.
Fue una extraordinaria demostración de capacidad para interpretar una determinada coyuntura, por lejana que pudiera parecer en la geografía, y marcar línea de acción política desde su propia perspectiva, cuando los fenómenos económicos y sociales superan fronteras.
Hoy, cuando está al dejar el Gobierno cubano, puede uno estar o no de acuerdo con todo lo que hizo Castro a lo largo de 49 años. Es la libertad de disentir del ser humano. Pero nadie puede discutir las cualidades de liderazgo y de estadista que lo llevaron a trascender las fronteras de su isla y del bloqueo. Para bien o para mal, el comandante Fidel Castro se convirtió en punto central de referencia política en el mundo.
A estas alturas y al margen de su posición ideológica, Castro es, sin duda, el último líder político y estadista de esa talla cuando la falta de ellos hace crisis. Ni el norte ni el sur tienen hoy conductores de esas cualidades. Sobre todo en Bolivia, donde su ausencia es dramática ante la magnitud de los problemas que vivimos. El último fue Víctor Paz Estenssoro, que en el 85 fue capaz de darle la vuelta como un calcetín al modelo económico que él mismo había implantado el 52, para marcarnos el rumbo en los 23 años transcurridos desde entonces, tal como lo pronosticó.
Cuando Paz Estenssoro dijo ´Bolivia se nos muere´ y promulgó el 21060 nos dijo de alguna manera lo mismo que les dice ahora Castro a los cubanos en su carta de renuncia: ´…la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos´.
*Juan León es periodista.
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