El problema es que el Gobierno está ocupado con los menesteres de la política y de la revolución. Así que por favor, elaboremos un plan. El mercado mundial viene mandando señales ambiguas a las economías nacionales. O sea, bien rarito está el ambiente. Por un lado, se habla de una grave crisis financiera en Estados Unidos, que está provocando una recesión en la economía más grande del planeta. Cabe recordar que el Producto Interno Bruto (PIB), la riqueza de un año en EEUU, representa el 25 por ciento del producto global. Pesados son los cuates. Por lo tanto, no es de extrañar que la mayoría de las economías que comercian con los gringos estén tucando como perro k’ala en barrio ajeno y esperando un bajón productivo. Por otro lado, en la semana que termina el precio del petróleo registró un récord pues llegó a 101,32 dólares el barril. De igual manera, los precios de los granos, como la soya, y los minerales siguen subiendo por los cielos para alegría de los países exportadores de recursos naturales. Grave los están haciendo alucinar e ilusionar a los países pobres. Les salen los morlacos hasta por las kaukas ¿Cómo entender este raye de la economía mundial? ¿Prevalecerán los malos fluidos del norte o se consolidará el choque de ingresos positivos que se originan en la economía China e india? La respuesta no es sencilla, pero tal vez vale la pena ver más en detalle los muyu muyus de la economía mundial y cómo esto podría afectar a nuestra economía pispila.
La pérdida en los mercados financieros, que se originó en la crisis en el sector inmobiliario norteamericano, puede llegar a 1 billón de dólares. ¡Uy caray! Este es un número que no me entra al mate. Y si mis cuentas no me fallan, esto es un 1 seguido de 12 ceros. Un quivo loco que fácil alcanzaría para resolver el hambre de varios países en el mundo. De sólo pensar en esta cantidad de lana a uno le da t’istapi. El profe Nouril Roubini, de la New York University, cree que EEUU entró en el síndrome del huayronco, la economía gringa ya se encuentra en una profunda recesión que está haciendo que las pérdidas financieras sean aún más severas. A su vez, el desbarajuste financiero provoca que la recesión sea más aguda. El perro se muerde la cola en un círculo vicioso. Obviamente, el aleteo de huayronco puede pro- ducir una tempestad comercial en otras partes del mundo. Muchos países asiáticos, incluyendo China, y las economías más grandes de América Latina tienen como destino principal de sus productos el mercado de gringolandia. Y si estas economías también colocan el pie en el freno del crecimiento, más temprano que tarde, los efectos de la recesión tocarán nuestras desprotegidas puertas. Esta línea de razonamiento sostiene que la burbuja de precios de los minerales y la soya, especialmente, no se sostendrá en el tiempo. En el caso del petróleo, se sospecha que el impacto sería menor dado que este mercado está demasiado contaminado por problemas políticos. En otras palabras, sería sólo cuestión de tiempo el desplome de los precios de los recursos naturales. Ni China ni India podrán mantener el ritmo de crecimiento alucinante que tienen en la actualidad. En ambos casos por encima del 8 por ciento al año, hace por los menos 10 periodos. Así que tranquis, cara pálida, ya viene el piñaso del mastuco del barrio. Y después no digan que se le avisó. El sablazo puede ser durísimo.
El auge de los precios de las materias primas provocó un fenómeno inédito en las economías latinoamericanas y Bolivia no fue excepción. En los últimos dos años registramos crecimiento económico y superávit en cuenta corriente. Generamos más riqueza sin que se nos disparen las importaciones como en el pasado. Huelga recordar que en una situación de prosperidad parecida en los años 70, buena parte de las rucas se fueron al consumo superfluo. Las reservas internacionales, en nuestra región, sobrepasan los 400 mil millones de dólares. Los bolis tenemos cerca de seis mil millones de verdes. Esta cantidad de billiquines envalentona a cualquiera. En efecto, el choque de ingresos positivos hizo olvidar a nuestras autoridades el valor de la prudencia fiscal. La hambruna tributaria ha sido sustituida por la bonanza y en toda la región los gastos públicos se dispararon, al ritmo de “no estaba muerto, andaba de parrada”. Esto significa compromisos sociales y políticos difíciles de ser eliminados si cambia la dirección de viento. Piense en la renta Dignidad y el Juancito Pinto, en casi todos los países de América Latina existen programas de transferencia hechas al calor de la lluvia de ingresos de los recursos naturales.
Pero, ¿qué hacer frente al inevitable efecto dominó de la recesión norteamericana? Una es rezar y prepararse para decir achichiu en coro, y elaborar sendos discursos mentándole la madre al capitalismo globalizado. Un otro camino es prepararse, de manera responsable, para hacer frente al muyu muyu mundial. La pregunta central, por lo tanto, no es saber si la crisis llegará o no a la región o a Bolivia, sino cuándo será y si estamos preparados para enfrentarla. La respuesta, por el momento, es un rotundo No. Bueno, pero no hay que desesperarse porque, al contrario del pasado, tenemos los recursos para afrontar la crisis internacional, piense en los casi 6 mil millones de verdes que hay en el Banco Central. El problema es que nuestro Gobierno está ocupado con los menesteres de la política y de la revolución. Así que por favor, elaboremos un plan para enfrentar las épocas de vacas flacas, que parece que se vienen.
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