Benedicto XVI desea que haya más vocaciones para que “la Iglesia pueda continuar con su misión evangelizadora”, pero no explicó ayer, en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, cómo piensa lograrlo.
Miles de parroquias no tienen sacerdote en España o están regidas por curas llegados de otros países. Algunos están casados y con hijos. Si fueran españoles no podrían ejercer, aunque el Obispado de Tenerife ordenó sacerdote el año pasado a un pastor anglicano converso, con familia.
Es el eterno debate del celibato opcional del clero. Lo reabrió el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, el arzobispo Robert Zollitsch. Sustituye al cardenal Karl Lehmann, que llevaba en el cargo 20 años.
Zollitsch apostó por “un catolicismo abierto” y apuntó dos caminos: un hipotético apoyo a parejas homosexuales y “eliminación del celibato obligatorio”. El prelado subrayó lo ya sabido: que la relación entre sacerdocio y celibato no es necesaria desde el punto de vista teológico.
La del prelado alemán no ha sido la única voz esta semana en pro del celibato opcional.
Los presbíteros de Brasil sugirieron esa alternativa en el documento final de su reunión anual, realizada el martes. También piden al Vaticano “orientaciones más seguras y definidas sobre el acompañamiento pastoral para las parejas de segunda unión”, es decir, los católicos divorciados que se vuelven a casar.
Las dos reivindicaciones son contrarias a normas que la Iglesia se ha negado a discutir hasta ahora. Las resoluciones serán analizadas por el prefecto de la Congregación para el Clero, en el Vaticano, el cardenal Claudio Hummes, también brasileño.
En el mundo hay 80.000 sacerdotes casados, bien organizados y en diálogo con muchas conferencias episcopales para avanzar hacia el celibato opcional, “siempre dentro de la fidelidad al Evangelio”. El País de España