Lazzy Town es la serie de televisión para chicos más vista en la mayoría de los 109 países donde se difunde. Su creador, el islandés Magnus Scheving, estuvo hace poco en Buenos Aires, donde fue recibido por entusiastas chicos y agradecidos padres que le conocen por el sistema de cable (Discovery Kids) y que desde marzo le verán en la Tv abierta. El diario Página 12 le dedicó un reportaje y contó cómo el deportista, hoy metido de lleno en las pantallas, vende su Villa Vagancia (Lazy Town) por doquier y factura miles de millones de dólares.
Hacerla exige otra millonada. La producción cuenta con 170 personas, un estudio de grabación en Islandia de 6.000 metros cuadrados y 800.000 dólares invertidos por cada episodio de 24 minutos.
Imposible pensar en imitarlo, comentan Liliana de la Quintana y Alfredo Ovando, productores de audiovisuales para niños en Bolivia.
Ningún canal boliviano —incluido el estatal, que directamente no tiene un programa infantil—, ofrece en este momento una producción que combine diversión con educación. En general, el modelo que se repite para llegar a los chicos es el de un presentador, concursos, llamadas de teléfono y algún programa enlatado.
´Dentro del panorama dramático de la televisión boliviana —comenta Liliana de la Quintana, de la productora Nicobis que trabaja en animación para niños—, el sector infantil es muy deprimente´. Alfredo Ovando, de la misma entidad, dice que ingresar en un canal con algo alternativo y de calidad, es un sueño.
La barrera es económica. ´La difusión implica pagar por el espacio, porque el canal no te compra el trabajo. Los ingresos hay que buscarlos en la publicidad, para luego compartirlos entre el productor y el canal´.
Tal modalidad funciona con los programas ´donde no hay mayor esfuerzo de producción; pero para un trabajo más exigente hace falta invertir mucho´.
José Luis Peñaranda, director general de la red ATB, dice que seguramente hay productoras con intenciones de hacer programas nacionales. Y los canales, según la política que tengan, podrían estar dispuestos a difundirlos. Sin embargo, hay un factor que completa un triángulo que dificulta que todo llegue a buen término: los auspiciadores. ´Ellos buscan programas de poco contenido y de muchísima comercialización, por sus productos´.
Peñaranda añade que, pese a lo dicho, no se trata de responsabilizar sólo a los anunciantes. ´Tampoco se visualiza empresas productoras de televisión serias. En los varios años que llevo en la televisión, no recuerdo un demo con un programa bien llevado. Casi invariablemente hay un conductor frente a la cámara´.
Carlos Soria, jefe de Programación e Información de la red Unitel, tiene similares impresiones. ´Si un canal quiere hacer un programa diferente, educativo, se va a encontrar conque no hay apoyo, no hay auspicios. El anunciante se va a ir y va a dejar solos los esfuerzos como, por ejemplo, los de Animanía (PAT)´. (El programa es conducido por el payaso Narices, quien hace reportajes sobre diversas facetas de la vida en la ciudad).
Respecto a los productores independientes, ´nosotros tenemos las puertas abiertas, pero el problema es que éstos tienen requerimientos muy grandes, piden demasiadas cosas. Y muy poco sostenibles´. Al final, ´preferimos hacer algo solos´.
Ovando coincide con esta impresión. ´Los canales no tienen presupuesto para salir del estudio. Ni siquiera se puede llegar a El Alto. ¿Cómo se podría llenar una hora de programa? Nosotros tenemos varios cortos trabajados con esfuerzo, pero no llegan ni a seis minutos diarios´.
Y, ¿qué tal comprar producciones extranjeras pensadas en los niños? De la Quintana es parte de una gran red de realizadores internacionales especializados en los niños. De hecho, con las animaciones y documentales, arma un festival, Colibrí, donde se aprecian obras premiadas de Europa, EEUU y América Latina.
Peñaranda dice que tampoco así se convence a los auspiciadores. ´Ellos quieren producción local donde se muestren sus productos´. Es un ´círculo vicioso´. Para romperlo, dice, ´funcionaría una combinación de producción local bien hecha, sumada a contenidos de fuera´. Donde hay para elegir, ´como muestra Nikelodeon o Discovery Kids´.
Soria alude al canal estatal. ´Éste debería dar el ejemplo de producción nacional. Debería invertir en programas para niños´.
Eduardo Mendoza, responsable de Programación de ENTB, explica que ´por el momento no tenemos un sector infantil. Hemos solicitado producciones de contenido educativo, pero no hemos recibido algo distinto de lo que se ve en los canales. En eso estamos trabajando, es parte del proyecto de televisión boliviana´.
Tampoco hay disponibilidad para comprar producciones extranjeras. ´Nuestra elección es cien por ciento de programas nacionales. No queremos enlatados´.
Ovando y De la Quintana trabajan, por su parte, en convenios y alianzas con otros realizadores latinoamericanos. ´Hay excelentes trabajos que los niños nunca verán si no hacemos algo para masificarlos. La televisión se muestra inaccesible, por ahora, así que la opción son los festivales, la visita a las escuelas, etc.´.