Almendrones, el espíritu de La Habana El fotógrafo Alain Gutiérrez Almeida traduce en lenguaje digital un emblema de su ciudad natal: los coches que se resisten a morir.
Duros como cáscara de almendro. Ya que sus carrocerías se resisten a la extinción, el fotógrafo Alain Gutiérrez Almeida, a manera de salvoconducto, ha decidido convertir a estos coches viejísimos, que cumplen con sus sagradas rutas por las calles cubanas, en lienzos para colorear digitalmente La Habana, que guarda en el corazón.
Almendrones. La exposición retrata a los emblemáticos automóviles de la isla, soldados del asfalto, que a través de la fotografía digital llegan a la Casa de la Cultura de la ciudad de La Paz y se quedan hasta el 29 de febrero.
Una marcha matutina lleva el caos hasta la puerta de Casa de la Cultura; pero en el segundo piso el clima es otro. Allí, los viejos coches prestan sus ventanales para mostrar ropa colgando de los balcones, los carteles de los muros habaneros, los patios de un solar... El mundo que respira Alain.
“Los almendrones son autos viejos todavía en uso; muy duros, como la cáscara del almendro. Son parte activa en el transporte de la ciudad. Hay rutas de almendrones; unos están muy bien cuidados, mientras otros están en mal estado, pero todos trabajando”, cuenta Gutiérrez.
Con siete años en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Alain es uno de los responsables del Salón Internacional de Arte Digital de La Habana, donde su mirada de fotógrafo fue tomando otros rumbos. “Me decían: ‘¿por qué no haces arte digital?’, y yo respondía que para mí era algo muy serio. Soy periodista, pero poco a poco fue ganándome el arte. Primero empezó como un juego. Mi país siempre se representa con autos viejos, mulatas, ron y la ciudad destruida. A mí me duele muchísimo porque mi ciudad no es sólo eso, como Bolivia no es sólo lo que sale en la prensa internacional. Quise enfrentarme a esto utilizando los mismos elementos: hice una reelaboración de la ciudad mía, de mis almendrones, resumiendo la ciudad completa”.
Así se vislumbra en piezas como Intimidades, una de las imágenes con las ropas colgando de los balcones. “En La Habana, la ropa sale, las intimidades salen. Es una ciudad con pocos tabúes, una ciudad que crece y que disfruta de ser como es, espontánea y poco conservadora”, sonríe Alain.
Y si los almendrones son sus lienzos, los anuncios urbanos le han regalado sus palabras. Aquellos carteles que aparecen en las “bodegas” (tiendas de abarrotes) nacen de la espontaneidad del vendedor y entregan frases polisémicas o, simplemente, mal escritas. “Lo que uno ve hoy en las paredes raídas es lo que había antes de la Revolución, como negándose a desaparecer. Son textos que van envejeciendo, pero saliendo a flote, así como un sitio arqueológico de la muralística”.
Conjuncionando ambas ideas, la intención de Alain fue la de armar el espíritu de La Habana con la interacción con sus obras. “Yo quise que cuando las personas vieran las imágenes en los autos se pudiesen pasear por mi ciudad”. Así lo dicen las fotografías de los solares, con mil historias corriendo debajo de sus pisos y paredes. “Quiero mostrar a la típica mujer cubana bien dotada con las caderas que desbordan de la ropa. Esa es mi ciudad, esos labios que se abren y te invitan a visitarla”.
Fue así que Alain Gutiérrez asentó en La Paz un trocito de La Habana, nostálgica y renovada.