El nombramiento de Raúl Castro para suceder a su hermano Fidel al frente del Estado cubano provocó ayer reacciones mesuradas y en ciertos países occidentales llamamientos a reformas democráticas en la isla.
La Casa Blanca minimizó el alcance de la designación de Raúl Castro y reiteró la negativa del presidente George W. Bush a levantar el embargo a la isla.
“La única cosa que ha cambiado es que emergió un nuevo líder pero no hay indicios de que se vaya a permitir al pueblo de Cuba buscar un futuro próspero y libre”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
“Lo que nosotros esperamos es que ellos sean capaces de iniciar un camino democrático. Continuaremos apoyando sus aspiraciones por una vida mejor, pero la posición del presidente (George W. Bush) sobre el embargo no ha cambiado”, añadió.
La Comisión Europea ofreció a Raúl Castro “un diálogo político constructivo” para “mejorar y profundizar cuestiones de interés común”, dijo el comisario europeo de Desarrollo, Louis Michel, que visitará La Habana el 6 de marzo.
El secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, que se encontraba en la capital cubana, pronosticó que Raúl Castro, con quien se reunirá el martes, seguirá la “línea fundamental” de su hermano Fidel, aunque admitió que “el momento del cambio es muy importante” para la isla.
Después de ocupar el cargo interino durante 19 meses, Raúl Castro, de 76 años, fue electo sin sorpresa el domingo al frente del Estado cubano por el Parlamento para un mandato de cinco años, después de medio siglo del régimen de Fidel. La Habana, AFP
Fenómeno político de moda
Las dinastías familiares como la de Castro en Cuba, muy comunes en el siglo pasado, se multiplican en la actualidad, de manera democrática, como en EEUU o Argentina, o más o menos autoritaria, como en Siria o en la República Democrática del Congo (RDC).
Antes de los Castro, en EEUU, el republicano George W. Bush fue elegido el 2000 y el 2004, después de que su padre, George Bush, ocupó la Casa Blanca de 1988 a 1992.
En octubre, Cristina Kirchner ganó las elecciones presidenciales en Argentina, sucediendo a su esposo, Néstor Kirchner.
Otras elecciones con sucesiones familiares de por medio han sido cuestionadas por su dudoso carácter democrático.
En Corea del Norte, la Asamblea Popular confirma, en septiembre de 1998, a Kim Jong-il como sucesor de su padre, Kim il-Sung, el fundador del país.
En Siria, Bachar al-Assad, de 34 años, fue elegido en julio del 2000 por plebiscito, tras la muerte de su padre Hafez al-Assad, quien había dirigido el país durante 30 años. París, AFP