Para China, los Juegos Olímpicos de Pekín, en agosto, son también una valiosa ocasión para cumplir otro sueño: intentar dejar de ser un templo mundial del tabaco, que cada año termina con la vida de un millón de personas.
Si en la mayoría de los países occidentales fumar se ha convertido en una verdadera odisea a causa de las leyes que prohíben hacerlo en los lugares públicos, China está todavía muy lejos de esas restricciones. El gigante asiático cuenta con la mayor cantidad de fumadores del mundo, unos 350 millones, es decir el 26 por ciento de la población china y un tercio del total mundial.
En todo caso, los Juegos Olímpicos fueron declarados “no fumadores”, y el humo estará prohibido en los lugares donde serán recibidos los atletas y los responsables del evento, algo que será visto como una hazaña ante la situación en el resto del país.
Las autoridades de Pekín, que en 1996 habían adoptado medidas sin grandes resultados, han llegado esta vez a prohibir el cigarrillo en la mayoría de los sitios públicos como restaurantes, escuelas, hospitales, estaciones de transporte, bibliotecas o museos. En los hoteles, al menos el 70 por ciento de las habitaciones deberán ser no fumadores. Desde octubre, los choferes de taxi de la capital ya no tienen derecho a fumar en sus automóviles.
“Apoyamos y felicitamos al comité organizador de los Juegos y a las autoridades de Pekín por sus medidas”, dijo el representante en China de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Hans Troedsson. Pekín, AFP