´No se trata de moverse por moverse, para ser bailarina también se necesita ser inteligente´, refuta entre sus memorias María José Rivera. Una vez más recuerda el reproche de un amigo: ´Cómo vas a estudiar danza si eres tan inteligente´, le habría cuestionado. El panorama no era nada alentador, así que pensó en todo menos en ser bailarina. Un giro, otro y entre vuelta y vuelta, ahora la danza es su mayor pasión, un logro de la profesora de danza contemporánea de la escuela Espacio Danza...
Parece que antes y ahora elegir ser bailarina profesional no es muy aplaudido... En realidad comencé como todas las niñas a las que sus mamás les llevan a clases de danza. Empecé a los ocho años y, sin pensarlo nunca, lo dejé hasta los 16. Cuando salí del colegio debía saber qué iba a ser, aunque jamás creí que sería bailarina, pensé que debía estudiar algo más, pues económicamente iba a ser difícil seguir bailando. Por eso entré a la universidad e hice varios cursos, pero decidí que lo que más me gustaba era bailar... Pero, nunca imaginé a la danza como una profesión.
¿Y ahora eres y te sientes una bailarina profesional? Sí, a mis 19 años decidí que toda mi vida estaría dedicada a la danza y me especialicé. En realidad, ya me había iniciado aquí (en La Paz) con ballet clásico, en la escuela de Mónica Camacho, donde estuve ocho años. Después tuve la oportunidad de estar en Estados Unidos, ahí estuve haciendo ballet y paralelamente comencé a tomar otras clases, de afrojazz, jazz y danza contemporánea. Después volví a Bolivia y mientras estudiaba, tomé clases de teatro y de todo lo que podía y creía que me hacía falta, eso para ir encontrando mi lugar artísticamente. Luego me puse a ver escuelas en Estados Unidos y Europa, pero se me dio la oportunidad de ir a México, quedé enamoradísima de ese país. Es parecido al nuestro. También estuve en Suiza, Holanda y Cuba.
¿Qué te pareció el nivel profesional en esos países? ¿Estabas preparada para bailar con ellos o sólo para tomar clases? Siempre que salí (al exterior) para tomar clases también bailé, aunque era un poco más difícil. En Estados Unidos plan- teaba mi danza como algo independiente. En México tuve la oportunidad de estar en tres compañías y en un musical.
Te especializaste en la danza contemporánea, ¿por qué? Porque es una corriente con más libertad, no tiene como estructura pasos definidos. Además, se puede integrar teatro y otros elementos; la danza contemporánea es más amplia. Te permite mayor exploración.
¿Hay diferencias en el baile de un país a otro? En cuanto a la técnica, expresión... Creo que la idiosincrasia (de cada país) se ve en la danza. En Cuba descubrí que son muy barrocos y les gusta el movimiento, pero sentía que ellos no eran muy conceptuales. En Holanda era al revés, pues eran mucha cabeza y meten palabras a la danza contemporánea. Por ejemplo, entré a una obra y en el final se mostraba, durante 20 minutos, personas que se pasaban comiendo frente a una canasta. Y uno dice, eso no es danza (ríe). En el caso de Estados Unidos, vi una búsqueda de perfección, y eso es difícil para uno.
¿Por qué? ¿Te intimidaba? Porque uno se pregunta a dónde va, cuál es su lugar. Pues no puedes estar compitiendo con gente que desde sus ocho años se prepara para ser bailarín. Yo los veía y no quería bailar, pero como no sé hacer otra cosa, sólo bailé. En México me tocaron escuelas donde veía a gente que a los 18 recién se daba cuenta que le gustaba la danza y se metía a bailar, eso era una nueva visión, porque aquí (Bolivia) la gente piensa que se tiene que comenzar muy chica. Tal vez eso ayuda físicamente, pero conceptualmente también debe ser importante.
La danza te permite encarnar personajes y darles vida con tus movimientos... Es como un juego y una búsqueda en uno mismo, porque todos tenemos de todo; experiencias y deseos, pero lo más difícil para mí fue entrar al musical.
¿Por qué? Porque el musical busca personajes simpáticos y me obliga a buscar en mí ese lado. Eso me cuesta porque éste tiene un concepto diferente al que estuve trabajando en danza contemporánea y mi tendencia a hacer danza-teatro. La experiencia, la cabeza y la imaginación son fundamentales para el musical.
¿Es difícil demostrar al público con un movimiento lo que se puede decir con palabras? Creo que es difícil cuando debe ser completamente sincero, porque al público puedes mostrarle en el escenario tristeza, pero puede no convencerle y no creerle al personaje. El movimiento dice mucho de la persona, si tú estás en la calle te das cuenta cuándo la gente está feliz o triste, por la forma en que camina. Si el cuerpo está puro y uno no sabe que lo están mirando es fácil leerlo, de ahí sale la esencia del movimiento de danza-teatro. El bailarín debe aprender a demostrar algunas técnicas, como cuando uno está triste (en la obra) debe jorobarse.
¿Cuándo te sentiste segura y satisfecha de tu elección, de ser bailarina? En la última obra que estrené (El monólogo de la paloma). Fue una sorpresa, porque momento antes no quise ir al teatro, pero luego, después de presentar la obra, me sentí realizada, ya que lo confronté con el público y dije ´qué lindo´; esto es gratificante.
Seguro hubo un momento en que fallaste, ¿cómo saliste del paso o paso en falso? Los gustos son proporcionales a los sustos. Cuando bailas con otra gente es más complejo, tienes mayores responsabilidades; cuando bailas con gente no puedes arruinar el trabajo de los demás.
Parece que fue algo más complejo... ¿Qué pasó? En México, en el estreno de una obra... hubo un segundo en el que yo estaba arriba y todos mis compañeros en el piso, no pude hacer nada más que continuar. La única manera de remediar eso fue en la siguiente función.
¿Tienes algún ritual antes de entrar al escenario? Salto, salto y salto, y creo que con eso trato de recargar la mayor energía que puedo. Creo que eso es una cuestión de equilibrar energías. Eso necesito, porque soy bastante pasiva y tranquila.
Y entre tus equilibrios, apareció alguien que te da energía... Sí, él es extranjero, pero no puedo ahondar en detalles, es una relación que está comenzando.
El plan profesional inmediato... Seguir trabajando con mi proyecto Espacio Danza, donde tengo un grupo de niñas con el que trabajo. También quiero trabajar con otra gente, porque me hace falta para que en algún momento pueda tener a esa gente trabajando conmigo. Trato de encontrar en otros lo que busco en las niñas.
¿Algo en especial? Busco que se desarrollen técnicamente, pero paralelamente que desde muy chicas encuentren ese gusto por la danza.
¿Se puede vivir del baile? Aquí, en Bolivia, todavía es difícil. Siempre digo que tengo un montón de trabajo para ver si encuentro trabajo, porque para ello tengo que hacer proyectos, conseguir apoyo, auspicio y otras cosas más.
Cuando bailas con gente no puedes arruinar el trabajo de los demás.
el perfil María José Rivera Camacho nació en La Paz hace 28 años. Salió bachiller del colegio San Ignacio y estudió la carrera de Ciencias de la Educación en la UMSA. Luego se fue a México, Estados Unidos, Holanda y Cuba a estudiar danza. Ahora, ella es bailarina profesional y profesora de danza contemporánea en la escuela Espacio Danza.
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