Alguna vez leí que la hipocresía es el homenaje que le rinde el vicio a la virtud. Y aunque la paradoja suene demasiado impía, tiene un sentido previsible… Porque la otra opción del vicio es el cinismo…
Y el cinismo es más dañino que la hipocresía. Al menos socialmente, donde la transgresión no debe olvidar el pudor, aunque sólo sea para preservar la dignidad de la norma —aquí dejamos de lado el cinismo como alternativa filosófica, que tiene insignes representantes clásicos y modernos, como Diógenes y Nietzsche.
Así, desde la perspectiva de la norma, que aspira a regir colectividades, es preferible la hipocresía, que no pretende convertir el vicio en patrón de conducta general. Que al menos se disfraza de virtud, dejando entrever cierto grado de vergüenza social… Es lo que ocurría con el sistema político antes… Era más hipócrita que cínico, salvando excepciones…
En el caso del actual régimen de gobierno, la ecuación se ha invertido en forma progresiva. Y en ello radica la diferencia, ya que el vicio sigue tan vigente como antes, pero con la novedad de que en algunos espacios tradicionales se ha visto favorecido abiertamente, como se puede advertir en la práctica del escarnio institucional, hay también otros usos y costumbres de la función pública que han sido acometidos con cínica ventaja, como la falta de especialización para acceder a los cargos o la manipulación demagógica de prejuicios sencillos ante la opinión pública…
Pasar hoy por encima del Parlamento, el Tribunal Constitucional o las Cortes Departamentales de Justicia, no demanda ni siquiera el esfuerzo de improvisar algún barniz institucional… Lo propio ocurre en el caso de las presiones corporativas; es cierto que se mantienen sin menoscabo tras bastidores, pero ahora también se ejercen a cielo abierto, desde las calles, con regocijo sindical incluido… Y hasta se postulan como una rara especie de ´democracia directa´, pugnando inclusive por alcanzar reconocimiento constitucional, para mayor exhibicionismo…
El resultado de haber sustituido la hipocresía por el cinismo es la destrucción de la precaria conciencia institucional que se había forjado desde la restauración de la democracia. Se trata de un daño moral sistemático, tan eficiente como imperceptible… Y, por lo demás, puede ser irreversible, o, en el mejor de los casos, demandar varios años en rectificarse…
De todas formas, la hipótesis optimista de rectificación puede ser desestimada por ingenua… Parece sugerir que el retorno a la hipocresía —y el consiguiente abandono del tribalismo— se puede dar con el transcurso del tiempo, sin mediar alguna catástrofe política de proporciones… Olvida, por ejemplo, que en el caso de varios países de América Central, el apego relativo a una cultura institucional comenzó después de firmarse los Acuerdos de Paz…
*Roberto Barbery Anaya es analista político.
El (carísimo) pan nuestro de cada día
A mí, Lula me gusta. Lo confieso sin miramientos. Es un presidente obrero que, como muchos otros, se levantó del suelo y vivió en carne propia lo que es el hambre, la muerte por indigencia de algunos de los suyos y un largo etc.
Hordanizaciones sociales
No cabe duda, a estas alturas, de que la mayor degeneración del tejido social boliviano ha sido causada por la acción de las mal llamadas “organizaciones sociales”
Engrupir afuera y no ceder adentro
Soy mal contador de chistes, pero gusto de recrear escenarios de piadas jocosas, entre las que destacan las de humor negro, cuando no cruel. Como la del buri camba en casa modesta de canchón de tierra apisonada cercada de espinoso cuguchi.
¿Qué hacemos con la delincuencia?
La delincuencia y la inseguridad ciudadana son fenómenos sociales que causan daño a la sociedad en general y a las víctimas en particular y tienen su origen en diversas causas
Ediciones Anteriores
Encuesta del día
Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía