Soy mal contador de chistes, pero gusto de recrear escenarios de piadas jocosas, entre las que destacan las de humor negro, cuando no cruel. Como la del buri camba en casa modesta de canchón de tierra apisonada cercada de espinoso cuguchi. Las mujeres aquí, los hombres allá del entorno machista, se deshacía cada vez que la banda empezaba a tronar y se apuraban los varones a pedir baile a las peladas. La dueña de casa se apenaba de una gorda que planchaba —así llaman en mis pagos aplanar faldas con la retambufa. Cada intermedio se acercaba a los corrillos varoniles que mojaban resecos gaznates con cerveza: ¡saquen a la gorda!, rogaba; ¡saquen a la gorda!, imploraba. Pues no faltó uno que había libado más que bailado: ¡yo voy, doña! Marchó a través del patio, se paró delante de la obesa y le espetó: gorda ‘e porra, ¡fuera de aquí!
La moraleja del cuento es que para pedir u ordenar es menester hablar claro. Parece que el Presidente no lo hace. Lo reflejan un Ministro del Interior dejando la puerta abierta al diálogo entre el Poder Ejecutivo y los Prefectos, mientras el Vicepresidente se encierra en sus trece, indicando que el gobierno no sólo ha sido flexible, sino que ha cedido en sus posiciones referentes a las autonomías y la Constitución masista. ¿O es cuestión de doble discurso?
Algún caso real advierte de peligros en terrenos minados de seducción acompañada de libación. Le pasó a un amigo flechado por una morena de boca mordelona, en un boliche que encubría su carácter de lenocinio con el ribete de discoteca. Se prendó de sus valles, colinas y quebradas cuando la vio contonearse en la pasarela mientras se sacaba la ropa a ritmo de salsa. Llorarás decía la canción y algo en el iluso lagrimeó a la vista de la piel canela. Comenzó su asedio a pesar de la advertencia del barman de que la morena tenía dueño, un garzón grandote encima celoso, diga usted, que está de viaje. Ya sentados en una mesa, menudearon los tragos y los cintillos que jalonaban el consumo. Poco importó que se hubiese acoplado una amiga de la negra, gorda ella que comió y bebió más que a la par. El amigo estaba embalado y parecía meloso francés con roces, sobadas y miradas ardientes a la bella —y más trago para la gorda. De pronto llegó el fortachón mesero a reclamar sus posesiones. La amenaza de una riña hizo que mi amigo acabara con la obesa y su pesarosa resaca incluyera arcadas.
Terminar encamado con la gorda recuerda la Constituyente, morena hermosa de nuevo acuerdo nacional, incluyente y duradero, apetecido por los bolivianos. Llegó el gobierno fornido en constituyentes, mañudo del doble discurso y posesivo de la verdad queriendo cambiar al país dividiéndolo, y el país terminó en brazos de la gorda de una Constitución ilegal. Un mamotreto en que por aviesa politiquería el gran acuerdo nacional ha sido deformado a parodia que provoca arcadas. Y el régimen, obtuso y obcecado, marea la perdiz con propaganda, amenazas y viajes.
El gobierno no ha cedido ni cederá un ápice. La última prueba de ello es el viaje del Presidente, ahora misteriosamente pospuesto, en circunstancias en que el país se cae a pedazos por los desastres naturales, la inflación y la creciente carestía de productos de primera necesidad. Encima, el engrillar de posiciones del centralismo etnocéntrico opuesto a la autonomía departamental sancionada por ley.
Después del papelón del Vicepresidente en Brasilia, Evo marchó a cumbre con Lula y Cristina, a implorar que el uno comparta con la otra una insuficiente provisión de gas boliviano el próximo invierno. La paradoja de tal ridículo es que su bravata de nacionalización fue la que secó el chorro de las inversiones para extraer gas de lo profundo. ¿No era que las proyecciones antes daban para California, México, Cuiabá, mercado interno, y en precio de regalo a la Jindal del Mutún?
Viajará a España con plañidera zampoña de 500 años de maldad que condescendientes hispanos aguantan a su faz autóctona. Impresionará a un Sarkozy de culebrón amoroso, pero conservador, de no ser tan afiebrado como su padrino caribeño, el venezolano, ya que ahora su otro mentor solo da para contar cuentos. Cautivaría europeos que han logrado su progreso a punta de trabajo, orden y buen gobierno, pero que han adoptado la política externa de financiar el populismo en Bolivia.
Su periplo apuntará a ratificar una situación que es hidalgo reconocer a su diplomacia personal. Ha mejorado la visibilidad del país, algo debido no tanto a dotes de estadista que no tiene, sino a la contemporización extranjera con un mandatario indígena. Gringos crédulos del discurso de cambio en país de postal de indiecitos de ojos enormes y torvos oligarcas blancos. Ignaros de que los nuevos ricos del país son cholos o mestizos que deben sus millones al contrabando, al narcotráfico o a la intermediación comercial de productos agrícolas, actividades todas que no pagan impuestos.
Dada la intransigencia con su Constitución ilegal y el doble discurso respecto a las autonomías departamentales, es posible que el viaje de Morales apunte a engrupir gobiernos extranjeros con la dicotomía apocalíptica de un adalid por el cambio, y autonomistas separatistas, neoliberales, racistas, oligarcas y latifundistas ganaderos.
Moreno moruno, solo califico de oligarca por ser camba y criticón; pero lo único de vacas que poseo son unas puntas de ese para un churrasco. Soy desconfiado de que Evo Morales, emperrado con su Constitución ilegal y el rechazo a la autonomía departamental, se incline hacia una solución por el desastre. Y en su periplo pretenda obtener aquiescencia pasiva, cuando no solidaridad activa. Porque el tiempo pasa, canta Pablo Milanés, y quizá la pinta no le ayuda tanto afuera. Y adentro mengua el efecto de sus talegazos venezolanos.
*Winston Estremadoiro es antropólogo.
El (carísimo) pan nuestro de cada día
A mí, Lula me gusta. Lo confieso sin miramientos. Es un presidente obrero que, como muchos otros, se levantó del suelo y vivió en carne propia lo que es el hambre, la muerte por indigencia de algunos de los suyos y un largo etc.
Hordanizaciones sociales
No cabe duda, a estas alturas, de que la mayor degeneración del tejido social boliviano ha sido causada por la acción de las mal llamadas “organizaciones sociales”
Elogio de la hipocresía
Alguna vez leí que la hipocresía es el homenaje que le rinde el vicio a la virtud. Y aunque la paradoja suene demasiado impía, tiene un sentido previsible… Porque la otra opción del vicio es el cinismo…
¿Qué hacemos con la delincuencia?
La delincuencia y la inseguridad ciudadana son fenómenos sociales que causan daño a la sociedad en general y a las víctimas en particular y tienen su origen en diversas causas
Ediciones Anteriores
Encuesta del día
Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía