Impedido por la Constitución para continuar en el Kremlin, Vladímir Putin deja la presidencia con la disposición declarada de asumir la jefatura del Gobierno si el candidato del oficialismo, Dmitri Medvédev, es elegido el 2 de marzo como su sucesor.
Putin, presionado por el ala dura del Kremlin para que modificara la Carta Magna y asumiera un tercer mandato, pero con el resto del mundo a la espera de ver si respetaba la Constitución o se aferraba al poder, optó por marcharse para quedarse.
Proclamado por la propaganda oficial como “líder de la nación”, Putin declinó encabezar el Parlamento y el partido del Kremlin que controla la Cámara —Rusia Unida, un conglomerado de funcionarios sin otra ideología que el poder—, y escogió un puesto de mayor peso.
Su receta ha sido un sutil enroque: ceder el Kremlin a un hombre de confianza, imponer al nuevo líder una estrategia de desarrollo del país hasta el año 2020 y encabezar su gobierno para controlar personalmente la puesta en marcha del llamado “Plan Putin”. Moscú, EFE