A medida que avanzaba la campaña, el Partido Popular ha ido endureciendo su discurso sobre inmigración. El anuncio de promover un ´contrato de integración´ si ganaba las elecciones pareció coger por sorpresa a los socialistas, y Mariano Rajoy ha decidido insistir en la brecha. Aprovechando un mitin en Canarias, el miércoles pasado, sumó un nuevo e inquietante razonamiento a su repertorio: España no está en condiciones de admitir más trabajadores extranjeros; España, en definitiva, está llena. Para hacer esta afirmación, Rajoy se escudó en la necesidad de hablar con claridad. Claridad por claridad, convendría recordar, entonces, que este dudoso argumento procede de los partidos populistas e, incluso, de la extrema derecha europea.
El Partido Popular está intentando convertir en un problema lo que es un éxito de la sociedad española. El espectacular incremento del número de extranjeros que trabajan legalmente en nuestro país es resultado de múltiples causas, ninguna de ellas negativa. La economía española ha creado más empleo del que puede absorber la mano de obra nacional, y de ahí que los trabajadores extranjeros se hayan convertido en un factor esencial para alcanzar las tasas de crecimiento de los últimos años. Por otra parte, el hecho de que el empleo de los inmigrantes se realice dentro de la ley es la prueba de que han mejorado los sistemas de contratación y de control, aunque sigan existiendo nutridas bolsas de ilegalidad en sectores como la agricultura y los servicios, si bien ahora menores en la construcción. Y no se han producido los graves problemas de convivencia a los que se refiere Rajoy, entre otras cosas porque los inmigrantes que trabajan legalmente en España hacen lo que cualquier otro ciudadano, incluido su derecho a usar de unos servicios públicos que contribuyen a pagar con sus impuestos.
Nadie puede negar que la sanidad está colapsada y los colegios públicos son insuficientes: se trata de una realidad que, lamentablemente, no ha tenido demasiado protagonismo en la campaña. Pero lo que diferencia a los partidos democráticos de los populistas, y también de la extrema derecha, es que éstos consideran que el deterioro de ésos y otros servicios se debe a que sobran inmigrantes, mientras que los partidos democráticos lo achacan a que faltan médicos y maestros. Lo pretendiera o no, el Partido Popular ha dejado clara su posición al decir que los derechos de los españoles se pueden ver perjudicados por los derechos de todos los demás. Si todos los demás tienen los mismos derechos que los españoles es porque, previamente, han cumplido con las mismas obligaciones y, por tanto, la única forma de negárselos es reprochándoles su condición de extranjeros, discriminándolos por su origen.
No es bueno, sin duda, silenciar el debate sobre inmigración. Pero peor que silenciarlo es plantearlo en términos contrarios al Estado de derecho.
*El País de Madrid para La Razón.
Mayorías en democracia
A gusto o disgusto, no se puede negar que los valores que reivindica el mundo en general y la ciudadanía nacional en particular, sí o sí son de carácter democrático: equidad, transparencia, concertación, igualdad, participación, tolerancia, pluralismo, interculturalidad, apertura, diálogo y universalismo, evidenciando que los valores bolivianos del nuevo siglo son democráticos.
Vientos peligrosos en América
Cuándo no! Chávez tenía que comentar, larga e ininteligiblemente, el retiro de Fidel Castro. Según un despacho procedente de Caracas de la agencia EFE, este inefable Chávez tenía que ofrecer no precisamente un razonamiento serio, sino la tontería con que se encabeza esta nota. Es más: con un acusado narcisismo, el Presidente no podía dejar de hablar de sí mismo: "Yo creo que en mi caso (…) hubiera hecho lo mismo…".
Los escándalos de Chávez
Las actuaciones internacionales de Hugo Chávez no pueden extrañar a nadie. Es por eso que no ha sorprendido, en absoluto, el berrinche que le ha producido la muerte del número dos de las FARC, Raúl Reyes, en la frontera colombo-ecuatoriana.
La maldición de los recursos naturales
A partir de este momento quedan nacionalizados todos los hidrocarburos. Se acabó el saqueo de los recursos naturales por parte de las empresas internacionales. El petróleo y el gas natural pasan a ser propiedad de los bolivianos", dijo Evo Morales Ayma, presidente de Bolivia, el 1 de mayo del año 2006.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía