Israel retiró ayer sus tanques y blindados del norte de la franja de Gaza tras la ofensiva Invierno caliente, de seis días, que causó la muerte de 116 palestinos y la de tres israelíes por ataques palestinos, y en la que el movimiento Hamás se considera vencedor.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha advertido, pese al repliegue, que "lo sucedido en los últimos días no es un hecho puntual". Tras la salida de las tropas israelíes, quedaron los cadáveres de siete palestinos al este de la ciudad de Yabalia, en el norte de Gaza, según fuentes médicas palestinas.
Cuatro de ellos fueron víctimas de ataques aéreos durante la madrugada de ayer, mientras que los cuerpos sin vida de los otros tres, incluido un enfermero, fueron hallados entre escombros al amanecer. En total, 116 palestinos han muerto (cerca de la mitad civiles) y 350 han resultado heridos en constantes ataques aéreos y terrestres lanzados por Israel desde el miércoles contra viviendas y edificios del islamista Hamás, según el responsable del servicio de emergencias en Gaza, Moawiya Hasanein.
El Ejército israelí justifica la muerte de civiles en que los grupos armados integristas palestinos lanzan sus cohetes desde zonas densamente pobladas "e incluso emplean niños como escudos humanos".
Como en los días previos, las milicias palestinas han seguido lanzando cohetes y proyectiles de mortero —una decena la mañana de ayer— contra el sur de Israel, aunque sin causar heridos, informó el Ejército israelí.
Para un portavoz de Hamás, Abu Obaida, el Ejército israelí perdió muchos más de dos hombres durante los combates con milicianos en Gaza, pero lo oculta "para mantener alta la moral de sus soldados".
El movimiento islamista ha convocado ayer manifestaciones populares en la franja. Gaza, EFE