Después de largos siete meses, el Gobierno nacional ha designado un nuevo Cónsul General en Chile, nombramiento que recayó en un importante militar, el general Freddy Bersatti. Evidentemente, lo lógico habría sido nombrar a un diplomático de carrera; pero de todos modos, un militar de alto nivel, que tiene buenas relaciones con el Ejército chileno, y cuyo nombramiento fue recibido con gran beneplácito por el Canciller de ese país, es siempre mejor que el envío de un politicastro del partido de gobierno, ignorante y atrevido, como actualmente tenemos en casi todas nuestras misiones en el exterior.
Como buen militar, seguramente el general Bersatti tiene conocimiento de nuestro ancestral problema portuario. Por ello, conviene que se esmere en recordar al Gobierno de la señora Bachelet, que la tradicional política chilena frente al mar, ha sido buscar una solución definitiva a dicho problema.
En el transcurso del siglo veinte, y luego de haberse suscrito el Tratado de Paz de 1904, hubo diversas negociaciones entre los dos países relativas a este trascendental tema. Y de ellas han salido compromisos públicos de Chile para buscar un arreglo a nuestro enclaustramiento geográfico. Basta recordar lo sucedido en los últimos cincuenta años.
Primeramente, el gobierno del presidente chileno González Videla, llegó a proponer, en 1950, el ingreso a una ´negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico´. Luego, durante el gobierno del presidente Jorge Alessandri, Chile presentó un memorándum, en 1961, donde declaraba que ´siempre ha estado llano a estudiar en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones de ésta y los intereses de Chile´. Como se sabe, el conflicto producido por el desvío del río Lauca, sepultó esta nueva iniciativa.
Poco tiempo después, el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva reanudó conversaciones reservadas sobre el tema marítimo. Y con el gobierno socialista de Salvador Allende se continuaron las mismas, llegándose a concebir una posible solución en base a un corredor al norte de Arica, tal como se había previsto en la negociación de 1950.
A la caída de Allende, el régimen militar que tomó el poder encabezado por el general Pinochet, también se preocupó del asunto, y buscó un entendimiento directo con Bolivia. De este modo, se arribó a la negociación iniciada en Chañara, que fue la más importante del siglo pasado. En esa oportunidad, mediante nota de 19 de diciembre de 1975, Chile ofreció ceder un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial desde Bolivia hasta el mar.
Posteriormente, y pese a que Bolivia había roto abruptamente sus relaciones diplomáticas con Chile, se volvió a ingresar a una negociación en 1987. Pero ésta se malogró debido a la radical oposición del comandante de la marina chilena, almirante Toribio Merino.
Al despuntar el siglo veintiuno, se posesionó en Chile un gobernante verdaderamente integrador y muy comprensivo con el tema marítimo: don Ricardo Lagos. Éste mantuvo una entrevista en Santa Cruz de la Sierra con el presidente Carlos Mesa, donde le reiteró el deseo chileno de conceder el corredor al norte de Arica. Y lo mismo expresó poco tiempo después, al actual mandatario, don Evo Morales, cuando lo visitó en esta capital.
Pero, lamentablemente, la situación cambió cuando el gobierno de Morales decidió renovar el contrato de venta de gas a la Argentina con la cláusula que prohíbe a esta nación revenderlo a Chile. Esa medida ha cerrado las puertas a una posible cesión territorial costera con plena soberanía para Bolivia.
Ahora, le toca a nuestro flamante cónsul general en Chile, Freddy Bersatti, esmerarse en abrir nuevamente esas puertas. Pero es menester que vaya a Chile con pleno respaldo del Gobierno nacional para negociar la cuestión marítima y que no sea considerado un simple cartero como se lo hizo con su antecesor.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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