Evo Morales se hizo el harakiri. Ha cometido tantas arbitrariedades ilegales que lo más probable es que pierda el referéndum revocatorio de su mandato y tenga que dejar la presidencia. El Mandatario debió haber tenido el coraje de convocarlo antes que a las otras consultas, pero teme perderlo.
En días pasados, Bolivia sufrió el peor golpe a la democracia desde el \'82. Evo mató a la democracia, confirmó que es un dictador y ha dividido al país. El Gobierno ordenó a grupos de choque cercar el Congreso y a la Policía que se retire para que aquellos impidan el ingreso de los parlamentarios de la oposición. La masa golpeó a dos diputadas y la Policía no intervino. Sin opositores, quórum, ni debate, el MAS aprobó tres leyes que convocan a referendos. Una para dar luz verde a la “nueva” CPE (que se aprobó en Oruro de manera parecida); otra que no permite la posesión de terrenos agropecuarios de más de 5 mil o 10 mil has.; y otra que prohíbe a los departamentos promulgar sus autonomías que se ganaron con el voto. Todo fue premeditado y con un cinismo al estilo golpista. El Gobierno destruyó la primera institución democrática del país, así como lo hizo con el Tribunal Constitucional.
Evo quiere centralizar el poder, perpetuarse en él y teme el rumbo que han tomado los departamentos autonómicos a los que ahora se suman otros 4, por eso los torpedea con violencia. El 85% del país está optando por la descentralización y va por un camino sin retorno.
La oposición ha denunciado ante la comunidad internacional los atropellos y solicitó que revisen sus relaciones con el actual Gobierno. Es muy posible que varios países corten la cooperación. Lo seguro, sin embargo, es que las autoridades del Ejecutivo no se liberarán de interpelaciones y juicios de responsabilidades porque ha habido muertos y ningún país que vive en un Estado de Derecho tolera que se viole la ley ni los derechos humanos.
El panorama es desolador. Hay linchamientos a diario disfrazados con el nombre de “justicia comunitaria” y el Presidente no hace nada. El Gobierno ha perdido el control de la economía. Hay 16% de inflación; escasez de alimentos; no tiene capacidad de exportar gas porque no se ha invertido por falta de seguridad jurídica; el dólar se desvaloriza ante el peso; apenas se exporta; hay desempleo y la pobreza continúa. Han emigrado 300 mil personas; han aumentado los cultivos ilegales de la coca; y Evo tiene mala relación con la prensa.
Morales ha perdido una oportunidad histórica de empoderar a la mayoría marginada, empobrecida y desempleada. No ha hecho nada por ellos. Ante este escenario y con lo sucedido, Evo ha perdido toda credibilidad, imagen y se ha desgastado políticamente. Hoy, ya no cuenta con el 54% de los votos que lo llevaron al poder.
Los bolivianos deben asegurarse que no hayan sido depurados y deben ir a votar aunque los referendos de Evo son ilegales; el ausentismo es riesgoso. La violencia continuará porque la oposición no reconoce los referendos. ¿Será el inicio de una guerra civil?
*Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.
Sí a las urnas, no a las armas
El contexto de la situación boliviana actual contiene dos procesos; el proceso de inclusión indígena y el proceso de autonomías. Hoy, todos los reconocen como dos procesos genuinos, legítimos y apoyados por millones de ciudadanos.
¿Para quién gobierna el MAS?
L as realidades políticas se han bifurcado. En algunos casos, lo han hecho hasta construir un laberinto de espejos, adosando al vértigo de la multiplicidad, la incertidumbre de la realidad de esas imágenes.
Los oxímoron andan sueltos
Qué palabra tan fea, despide un tufillo a erudición rancia. Quisiera hacer un rodeo para justificar el título. Hace unos días, en Cochabamba me tragué, como siempre, el cuento de que el avión salía puntualmente.
Cuba, lo que nunca sabremos
No deja de asombrarme la ligereza y la fatuidad con las que se comenta el alejamiento de Fidel Castro de la presidencia de Cuba. Qué lamentable espectáculo ofrecido por periodistas, columnistas, analistas, opinadores, políticos, gobiernos y organismos internacionales, que se permiten el lujo de insinuar juicios de valor acerca de la Revolución Cubana, desde la superfi- cialidad de un análisis circunstancial, vacío de razones.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía