Qué palabra tan fea, despide un tufillo a erudición rancia. Quisiera hacer un rodeo para justificar el título. Hace unos días, en Cochabamba me tragué, como siempre, el cuento de que el avión salía puntualmente. Llegué al despacho de la línea aérea a la hora señalada y cuando pregunté por el horario del vuelo, el empleado me respondió, con una sonrisa de aquellas fabricadas en las escuelas de relaciones públicas, que había un ligero retraso. Cuestión de unos 10 minutos. Los minutos se transformaron en media hora, en una hora y siguieron.
Cabreado y sin saber qué hacer intenté leer algo, pero la terminal iluminada con una luz tenue no me permitió hacerlo. Tomé un mate en la cafetería y luego una bebida gaseosa, miré a los usuarios que paseaban su aburrimiento, su molestia. Seguí el ejemplo.
Los pasajeros y los acompañantes ya venteaban airadamente sus protestas, ante nadie. En medio de mi bronca encontré a un amigo y su mujer que despedían a su hija, una joven señora de afilado humor que comentaba, a propósito del informante de la empresa, que le habían dicho que el vuelo estaba puntual con demora: la curiosa inclinación de la gente hacia el uso de palabras contrapuestas. Se divertía con las llamadas notas verbales que no son una invención nuestra sino de la diplomacia, con los paros movilizados, los silencios elocuentes y algunas otras construcciones curiosas. Yo recordé de mis años de muchacho en Santa Cruz los helados calientes de la confitería Luxor.
El momento era nomás apropiado para el tema. En el tablero electrónico donde se anuncian las llegadas y salidas de los aviones, la partida a La Paz continuó afichada a la misma hora, que ya había pasado hacía un buen tiempo, mientras la llegada de un vuelo, que traía a los pasajeros para la combinación con La Paz, cambiaba regularmente. Cómo compaginar las dos informaciones. A quién preguntar. Los empleados de la compañía estaban desaparecidos.
Se trató en verdad de una situación y una charla rica en oxímoron, una figura retórica que consiste unir dos palabras con significado opuesto. El término tiene un origen griego de oxus, que quiere decir picante, y mores, suavizar. Se cultivaron pronto en la poesía, la oratoria. Romeo era un entusiasta de ellos: ´O amor odiado… o pesada ligereza´, exclamaba en sus cuitas de enamorado.
En el país, los oxímoron surgen a menudo en el habla popular. Un cantautor nacional, Papirri Monroy, les dedicó una canción que mis nietos, de nueve y siete años, versados en música y picardías, me aclararon se llama: Metafísica popular, recordándome, además, la tonada y algunas frases del estilo: ´¿Por qué comes primero el segundo?´, ´recto vas a doblar´, ´mañana voy a subir abajo´, ´ayer hemos abierto a puerta cerrada´. ´¡Huy!, cará, metafísica popular´. O todavía: ´los que quieren irse de mi partido, bienvenidos´, ´siempre viene a veces´, ´he conseguido un cuarto con tres habitaciones´ .´¡Huy!, cará, metafísica popular.´ ´Está lloviendo harto, pero no mucho´, ´ese alto me llega a los huevos´. Frases recogidas por el autor que no sólo se dicen, sino que se expresan con ironía y acentos saltarines apropiados.
Las contradicciones en las voces empleadas por hombres y mujeres comunes, como las de uso en la poesía, son expresivas, simpáticas, pasan por encima de la rigidez de la lógica, inventando fórmulas cargadas de significados novedosos que a veces esconden, detrás de las aparentes oposiciones, juegos repletos de malicia y, en otras oportunidades, sabrosas sátiras cocinadas con ingredientes de la mezcla de lenguas en el país, tal el huayralevas aplicado a opas presuntuosos, revestidos de la levita de doctores. El oxímoron callejero, fruto de la visión desprejuiciada de las cosas y los hechos, así como de la libertad de las personas para remodelar sus percepciones, para decir lo mismo y lo otro, produce una inagotable comicidad, cuando no un severo cuestionamiento del orden del mundo. Un mundo plástico y que pide ser moldeado por las necesidades humanas.
No sucede lo mismo con los oxímoron corrientes entre la mayoría de los políticos, maestros en el arte de acuñarlos, que enlazan tanto ideas contrapuestas cuanto ideas y actos de signo contrario, en una palabra mágica, artificiosamente construida, para intentar salvar problemas reales, pero sobre los cuales carece de poder. Un oxímoron mañoso, de radio extendido, en ocasiones pomposamente bautizado de dialéctico que no lo es, empleado como placebo de las políticas efectivas. Por eso resulta odioso, insoportable.
Muchos comunicadores sociales no quedan a la zaga. El tratamiento dado, por algunos medios informativos, al salvaje asesinato de tres personas en la localidad de Epizana, revuelve la bilis. Escuché a dos huayralevas debatiendo en una radio, que no logré identificar, sobre los crímenes de la justicia comunitaria que no tienen ningún atenuante y desgraciadamente se repiten. Los argumentos de los comentaristas en conjunto eran un aborrecible oxímoron, una juntucha de contradicciones, de sinrazones. Reconocían el horror de las muertes y la culpabilidad de los autores, a la vez que buscaban disculparlos, aminorar el delito, repartiendo la culpa entre toda la sociedad, buscando no mojarse el poto por nada. Ese tipo de actitudes y comportamientos no contribuye a aclarar lo sucedido, ni a evitar su reaparición sino a enmascararlo, a poner un cerrojo contra las posiciones verdaderamente reflexivas, críticas. Un culipandeo indignante.
Así, hay algunos oxímoron que revelan aspectos inéditos de la vida, de la realidad, otros que tratan de oscurecerlos, confundirlos. Sólo aprecio los primeros.
*Salvador Romero P. es sociólogo.
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