Tanto Silvia Judith Alarcón Paredes (fallecida) como su compañera Laura Mayta Flores, quien resultó herida, tenían como función controlar el ingreso y salida de las personas que llegaban hasta el edifico anexo al Congreso, sobre la calle Comercio.
Según relataron fuentes del Congreso, Silvia y Laura tenían un carácter reservado y muy pocas veces se las veía sonreír, pues tal vez el trabajo de orden y seguridad que desempeñaban exigía seriedad en ese ámbito.
Las dos recibían cédulas de identidad de quienes realizan trámites o alguna actividad en el edificio del Congreso y también se encargaban de verificar que no ingrese nada que pudiese ser utilizado para un atentado.
Ayer, al cumplir media jornada de trabajo, ambas salieron de su lugar de trabajo para almorzar. Silvia nunca más volverá.