La crisis política sudamericana permitió a la Organización de Estados Americanos (OEA) demostrar que puede ser un escenario de diálogo y búsqueda de una solución negociada a problemas entre sus miembros. La mayoría de los países que forman parte de la OEA condenó la violación del territorio ecuatoriano por parte de tropas colombianas, pero esa mayoría no se mostró dispuesta a sancionar a Colombia como llegó a sugerir el gobierno de Ecuador. Para todos parecía claro que el acto que originó la controversia entre Colombia y Ecuador no obedecía a propósitos de conquista o a recuperar territorios en litigio. Al final, se trató de buscar en el ámbito de la OEA un compromiso formal del gobierno de Colombia de que no volverá a violar territorio extranjero.
La parte más difícil de la mediación ejercida por los 34 miembros de la OEA se refiere a la actitud a ser adoptada en relación a la guerrilla colombiana. En esto hay un gran desacuerdo. Venezuela, por ejemplo, ya había anunciado su disposición a reconocerla como fuerza beligerante, es decir, apta para recibir ayuda externa. La mayoría de los países del hemisferio ha evitado esa caracterización porque muchos entienden que sería una injerencia indebida en los asuntos internos de Colombia.
Contribuye a este sentimiento el rechazo que la mayor parte de los colombianos manifestó recientemente en relación a la guerrilla y a sus métodos de lucha política. Ese rechazo es compartido por buena parte de la comunidad internacional que percibe negativamente el cruel tratamiento dado a los secuestrados, hoy personificados en la figura de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. Pesan también negativamente sobre la guerrilla las acusaciones de complicidad con el narcotráfico, lo que arroja dudas sobre sus motivaciones políticas: un politólogo francés recordó esta semana que “del combate político subsiste una vaga fraseología marxista”.
La legitimidad que Venezuela quiere conferir a la guerrilla colombiana choca con una realidad indiscutible: Colombia tiene un gobierno legítimo y sus instituciones funcionan normalmente. Debe tomarse en cuenta también que cualquier tentativa de sofocar militar o económicamente a ese país contaría con la oposición de muchos países y muy especialmente de Estados Unidos.
Así, la “miniguerra fría” sudamericana continuará ante la dificultad de dar una solución al conflicto interno colombiano. Ojalá se limite a una guerra de palabras.
*Wálter Sotomayor es periodista y trabaja en Brasilia. www.columnistas.net
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