No queremos aparecer como sepultureros de nada —suficiente con anunciar los funerales del gobierno masista—, pero da toda la impresión que la Comunidad Andina de Naciones (CAN) está viviendo sus últimos días con una incurable metástasis que se ha alojado en todo su organismo. No es ninguna exageración afirmar que en casi 40 años de existencia, la CAN no ha cumplido, ni lejanamente, con las metas que se había fijado y que ahora está en estado comatoso.
Se ha recurrido a todo ardid para que este proceso de integración regional marche, pero ha sido imposible hacerlo funcionar. Empezó como Acuerdo de Cartagena en 1969, luego pasó a conocerse como Pacto Andino, Grupo Andino, y ahora como Comunidad Andina de Naciones. Pero fuera de cambiar de nombre y de estrategias se está disgregando con una decepcionante falta de eficiencia y con mucha ideologización.
En 1969 se conformó el Acuerdo de Cartagena con Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. Luego se agregó Venezuela en 1973. Todo esto en pleno modelo de ´sustitución de importaciones´ que fue un fiasco. Era obvio que Chile, gobernado por Pinochet, no iba a aguantar mucho tiempo en ese aparato esclerótico ´cerrado´. Chile de dijo adiós al Acuerdo en 1976. Entretanto, sucedieron roces y desencantos, que, por ejemplo, tuvieron a Bolivia al hielo durante la dictadura del general García Meza. Después Perú pidió una suerte de licencia temporal. El 2006 se fue Venezuela para siempre. Y ahora ha regresado Chile, curiosamente, como ´miembro asociado´, aunque muy poco le debe interesar relacionarse con algunos socios enemigos de los TLC.
Tenemos a Colombia con las relaciones rotas con Ecuador. Además que Colombia está pujando con todo derecho para formar parte del TLC con EEUU, lo que les cae mal a bolivianos y ecuatorianos. Pero, asimismo, Perú ya forma parte del TLC, lo que significó nada menos que Bolivia le llamara la atención por haber dado ese paso. Es obvio que Alan García no le tiene ni un ápice de simpatía a Evo Morales y viceversa. Y eso viene de antes que el presidente peruano asumiera el mando, cuando Morales apostaba hasta su camisa por Humala. Pero, también, nuestros vecinos chilenos, aunque sean ´asociados´, no aportan nada para mejorar el mal sabor de este chupín ideológico de populistas, zurdos, indígenas bravucones y conservadores. Chile no tiene relaciones diplomáticas con Bolivia y se la está ´pichuleando´ gozosamente con el asunto marítimo. Pero, además, Chile tiene un conflicto sobre límites marítimos con Perú, que ha ido hasta La Haya. ¿Se puede a este paso aspirar a la creación de una Comunidad Suramericana de Naciones? ¡Pero si ésta es una comunidad de incomunicados!
Bolivia se benefició —no hay que ser malagradecidos— en la ahora llamada CAN con el tema de la soya, fundamentalmente. Perú, Colombia y Venezuela, mediante el arancel preferencial, fueron buenos compradores y todavía lo son, con excepción de Venezuela, nuestra hermana del alma, que, obrando según su conciencia, prefirió de un día para otro, comprarle la soya a los EEUU y dejarnos boquiabiertos. Pero, además, Bolivia se ha beneficiado siempre con los créditos de la CAF y con alguna cooperación dadivosa de esa institución, que es, con ventaja, lo mejor que produjo el Acuerdo, Pacto, Grupo o Comunidad andinas.
Tuvimos la suerte de que presidieron la CAF personalidades del nivel de Adolfo Linares, Julio Sanjinés Goytia y Enrique García, que ya transita por su tercer período. Bolivia tuvo la habilidad de quedarse con el cofre de la abuelita, aunque la platita no es toda regalada y hay que pagarla. Claro que sabemos que para pagar hay muchos escondrijos y vericuetos secretos que Bolivia conoce muy bien. Sin sonrojarnos, a cualquier país le podemos dar cátedra en cuestión de condonación de deudas.
Pero el hecho desgraciado es que la CAN se muere sin remedio. Salvo que le cambien de nombre y volvamos a empezar. Es que no hay un criterio común para marchar juntos. Las diferencias de concepto sobre mercados son abismales. Eso resulta fatal.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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