El conflicto termina con un apretón La tensión generada por la crisis parecía no tener salida y se esperaba que el Grupo de Río retome su papel de concertación. No fue necesario. Colombia, Ecuador y Venezuela dejan de lado los tambores de guerra.
La señal • Uribe estrecha la mano de Chávez; observa Leonel Fernández.
Máxima tensión, una amenaza de guerra que no se extinguía, y un inesperado final feliz: la cumbre de presidentes latinoamericanos en Santo Domingo, con el acuerdo que finalizó la crisis entre Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, tuvo la emoción de un film atrapante más que el protocolo que rodea a estas periódicas citas regionales.
Circunspecto y sin soltar demasiados gestos, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, caminó presuroso al encuentro de su par ecuatoriano, Rafael Correa, para sellar la paz.
Nadie esperaba entre quienes miraban lo que ocurría en el recinto de sesiones del Grupo de Río —más de un centenar de periodistas lo siguieron en pantalla gigante desde una calurosa sala de prensa— que esos dos hombres pudieran levantar tan rápido las acusaciones que se habían lanzado un rato antes.
Uribe no dudó en poner una sobre otra carpetas con documentos y cartas entre líderes de las FARC que mencionaban muy amistosamente a Correa y a funcionarios de su gobierno. Se refirió incluso, citando las misivas, a aportes electorales de la guerrilla a la campaña de Correa.
Correa no replicó con menos munición cuando dijo que el Presidente colombiano representaba un peligro para la región al creerse con derecho de perseguir donde sea a quienes cree terroristas, y dijo que aplica así la misma doctrina preventiva unilateral que llevó EEUU a Irak.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, también en conflicto con Uribe, dio muestras de que llegaba a esta tierra caribeña con el objetivo de generar más sonrisas que ceños fruncidos.
Incluso llegó a cantar un tradicional merengue que habla de los dotes de la tierra dominicana: “Quisqueya, la tierra de mis amores, de suaves brisas, de lindas flores”, se animó el venezolano, aplaudido por el presidente anfitrión Leonel Fernández.
Chávez, que invitó a la cumbre e hizo ingresar al recinto a la madre de Ingrid Betancourt —pese a que la seguridad no le daba acceso a la señora al lugar— pidió infructuosamente a Uribe que le permitiera volver a intervenir por la liberación de rehenes de las FARC y dijo que recibió pruebas de vida de rehenes.
Pero no logró de esa manera convencer al Presidente colombiano que, sin dejar de contestar a todas las acusaciones, repentinamente, cambió el tono y le recordó a Chávez: “tú sabes muy bien que durante mucho tiempo te he tratado con gran afecto”.
Para entonces, el documento se terminaba de consensuar entre los técnicos. Colombia ofrecía su perdón a Ecuador y su compromiso a no volver a atacar nunca más a ningún país por cuestiones de seguridad.
El Presidente dominicano llamaba de nuevo a un acercamiento con alguna certeza de que podía salir ganador esta vez.
Tras el apretón de manos entre Uribe y Correa, siguió el abrazo que se dieron los mandatarios colombiano y venezolano. A la hora de los abrazos, el nicaragüense Daniel Ortega retiró su decisión de romper relaciones con Colombia. Santo Domingo, AFP
Betancourt aún debe esperar
La liberación de la ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, rehén de la guerrilla de las FARC y quien se encontraría muy enferma, no está decidida aún, dijo ayer el ministro del Interior de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín.
“Por la información que tengo, nada me hace pensar que eso (la liberación de Betancourt) esté decidido para los próximos días por ninguna frontera”, dijo en una rueda de prensa el ministro Rodríguez Chacín, quien, a pedido expreso del presidente de Venezuela Hugo Chávez, ha coordinado otras liberaciones.
“No tengo conocimiento de si la guerrilla tiene intención de liberar a Ingrid Betancourt. Si es por Ecuador o por Brasil, sería una felicidad para nosotros”, agregó la autoridad.
Se refirió a una lista de pruebas de vida de 10 militares y policías rehenes de las FARC y dijo que “aquí no está escrito Ingrid Betancourt”, de nacionalidad colombiana y francesa.
“Nuestro propósito es obtener la libertad de todos los retenidos de las FARC y de los guerrilleros presos. La intención sería lograr que nos entreguen a los civiles, y los civiles incluyen a Ingrid Betancourt”, señaló. Caracas, AFP