Sólo cuatro velas acompañaban el féretro de Joselo, alrededor de su ataúd se extrañaban flores y a un lado estaba su familia, que sorprendida afirmó que no sabía las razones por las que el joven mató el jueves a su ex pareja Silvia y luego se quitó la vida. “Yo creo que Dios lo perdonará, nosotros lo encomendamos a las manos del Señor”, dijo su tío.
El jueves, mientras Silvia Alarcón retornaba a las 12.00 con su amiga Laura Mayta al Congreso para trabajar, Joselo Chura las interceptó por atrás en la calle Comercio y disparó tres veces en el cuerpo de su ex pareja, luego le disparó a Laura y finalmente se autoeliminó, según la Policía.
El policía Chura (23) era velado en el Distrito Policial 1 de la calle Colombia de La Paz. El salón tenía las cortinas cerradas por las que no entraba luz y en ese lugar su hermana, entre sollozos, contó que el martes habló con él por última vez.
“Me dijo que estaba bien, que estaba trabajando y que no me preocupe. No sabemos lo que pasó realmente”, relató la mayor de ocho hermanos, quien aseguró que él era el más consentido.
Mientras el vacío invadía el salón de Joselo, a cuatro cuadras del lugar el cuerpo de Silvia Alarcón (23) estaba rodeado de flores, de familiares, de amigos y camaradas, quienes se apersonaron hasta el Distrito Policial 2 para darle el último adiós.
David, el hijo de las víctimas, de apenas dos años, corría sonriente por el salón con un biberón de leche en la mano. Mientras, familiares y amigos rezaban ante el féretro de su mamá. El niño no se daba cuenta de lo que realmente pasaba.
Silvia era la única hija mujer de tres hermanos, vivía actualmente con sus padres y con su hijo David en La Paz. Un familiar cercano a la familia contó que Silvia era maltratada por Joselo cuando vivían juntos en Santa Cruz. La hermana de Joselo dijo que desconocía lo que pasaba en la relación. “En un almuerzo en mi casa me dijeron (Silvia y Joselo) que cualquier problema lo iban a solucionar juntos”, relató.
Minutos más tarde llegó el hermano menor de Silvia de al menos 18 años. Interrumpió el silencio del lugar con un grito de lamentación, corrió hasta el ataúd, se arrodilló frente a su hermana y lloró sin consuelo.
Actualmente, Laura, amiga de Silvia, está en terapia intensiva y su diagnóstico es reservado.