Por diferentes caminos, avanzan dos proyectos de refundación de Bolivia. Para saber cuál de los dos proyectos se ha de imponer sólo hay que esperar 60 días. Y eso ha puesto muy nerviosos a los países vecinos y a los infaltables enviados especiales que escriben, jadeando por la prisa y los nervios, nerviosos informes sobre la inminente división de Bolivia. Lo que habría que aclararles es que la división sólo se daría en caso de que se presente un empate entre los dos proyectos. Y que eso parece improbable.
Lo que ha ocurrido con el gobierno del MAS y su intención de refundar Bolivia es que ha hecho que se dispare el proyecto mejor elaborado y más eficiente de refundación, que es el proyecto del departamento de Santa Cruz. Mediante la propuesta de la autonomía, el modelo cruceño ha ido ganando adeptos y ahora quieren autonomía ocho de los nueve departamentos de Bolivia, aunque sólo cuatro lo hayan definido formalmente en el referéndum del 2006. Los últimos departamentos donde surgió con fuerza la corriente autonomista son La Paz y Potosí. Sólo Oruro queda fiel a la bandera contraria a las autonomías, pero no se sabe hasta cuándo pueda mantenerse así.
La propuesta cruceña es sencilla: postula el libre mercado. Cuenta con la tentadora propuesta de descentralización, bandera por la cual los bolivianos llegaron a enfrascarse en una guerra civil a fines del siglo XIX. En aquella época los paceños eran los más entusiastas defensores de la descentralización, a tal punto que tomaron las armas para luchar por esa causa. Un entusiasta ejército aymara les dio el triunfo militar.
La propuesta de refundación que tiene el MAS y sus intelectuales es anacrónica. No solamente habla de socialismo, sino que llega a proponer la economía comunitaria: un delirio infantil, por lo menos en la versión descrita por Félix Patzi.
Las dos propuestas de una nueva Bolivia son completas, aunque una es más coherente. Podrían aplicarse de manera aislada. El único problema es que los líderes de los dos proyectos insisten en que quieren seguir viviendo dentro de un mismo país. Por separado les iría mejor. Pero ya se sabe que a los bolivianos les gusta hacer las cosas de la manera más difícil.
Esto obliga a que un modelo o un proyecto de refundación se imponga sobre el otro. Como van las cosas, el proyecto cruceño lleva la delantera, por lo ya mencionado sobre la bandera autonomista. Como adhesión geográfica, este modelo le gana al otro, al propuesto por el MAS. Pero los líderes del MAS creen, aunque cada vez con menos convicción, que podrían imponer su proyecto en un referéndum nacional. Lo malo es que para que ello ocurra los bolivianos tendrían que votar por una Constitución hecha a las patadas y aprobada a cabezazos.
Las últimas decisiones de la Corte Nacional Electoral podrían prolongar la espera para el momento de la definición. Y parecen un guiño del Gobierno a los líderes del otro proyecto de refundación. Es como proponerles un tiempo más para buscar cómo se coordinan los dos proyectos. Para ponerse de acuerdo, el Gobierno tendría que aceptar que las autonomías sólo pueden ser departamentales, como lo ordenó el referéndum, que no consultó sobre autonomías regionales ni indígenas.
*Humberto Vacaflor G. es periodista
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