El mensajero de Madagascar Rajery y su grupo batieron taquilla en el Municipal. Ante una platea repleta, el intérprete de la valiha acercó a Bolivia un pedazo de la isla del sureste africano.
Los ojos de Rajery, su rostro sonriente, atraen en el escenario la mirada inevitablemente. No importa si el instrumento que pulsa, la valiha (pronúnciese valí), sea imponente. La alegría, el placer que le produce al artista malgache, el compartir su música con el público se desbordan por su mirada. Y se contagian.
Rajery y tres cantantes e instrumentistas de Madagascar, que conforman su grupo, estuvieron en La Paz para cerrar el proyecto ´África: ida y vuelta´ que desarrolló la Alianza Francesa en Bolivia. Esta vez no se produjo el encuentro con la comunidad afroboliviana que perdió así la oportunidad para dialogar con sus pares, tal como había hecho antes con Henri Dikongué (Camerún) y Zakaria Riahi (Marruecos), con Dobet Gnahoré (Costa de Marfil) y con Lokua Kanza (Congo).
Rajery y su grupo visitaron el lago Titicaca y, en La Paz, recorrieron el mercado Uyustus y alrededores. Adquirieron discos, recuerdos y alguna chompa con llamas de diseño para combatir los días fríos que les tocaron. Almorzaron un día en el Torino y se confundieron con los bolivianos, dados sus rasgos indonesios. Sólo al hablar en francés dieron pista a la gente de que eran ´turistas´ venidos de lejos. Madagascar —explica Rajery— es ´un gran país ubicado al sudeste africano´. Se trata de una isla de 18 millones de habitantes que conviven en un territorio que equivale a dos tercios del que tiene Bolivia. El 85 por ciento de su gente se ocupa de la agricultura, la pesca, la ganadería y la artesanía.
´Somos 18 etnias en 22 regiones. Cada una con su propia cultura y dialectos´. El francés se usa para comunicarse con el exterior, e internamente se recurre al malgache, la lengua de uso oficial en la que canta Rajery.
El clima es tropical, ´con paisajes bellísimos´; aunque también hay altiplano algo más fresco. Entre una y otra geografía se erige la capital, Antananarivo, donde se concentra un millón y medio de habitantes. A su alrededor se erigen poblaciones. De una de ellas, al surcentro, viene el músico conocido como el Príncipe de la valiha. ´Cuando canto y toco represento a todo el país, aunque sería imposible reflejar la enorme variedad de Madagascar, pues como los dialectos, cada etnia tiene una tradición musical que cultivar´.
A diferencia de realidades como la de Costa de Marfil, heridas por la guerra —que lleva a Dobet, por ejemplo, como se vio en su concierto del 2006, a interpretar canciones de rebeldía ante tanta violencia sin sentido—, Rajery transmite serenidad. No es que falten los problemas que tienen que ver con la pobreza; pero ´convivimos y estamos lejos de las tensiones. No hemos tenido guerras étnicas´.
Quizás por ello, sus temas cuentan de la vida cotidiana de Madagascar, critican la pobreza y piden respeto para su múltiple herencia cultural.
Rajery es el más internacional de los artistas de Madagascar. Su habilidad con la valiha le ha valido el título de Príncipe del instrumento. Él sonríe por esto y dice que es apenas uno de los muchos talentos de su isla. Una vez que se le aprecia arrancando notas a ese tubo de bambú en el que se han dispuesto cuerdas de los frenos de una bicicleta, uno sospecha de que Rajery peca de modesto.
En lo que no ahorra orgullo es a la hora de presentar el instrumento que acaricia con los dedos de la mano izquierda y con el muñón de la derecha, que quedó así luego de un accidente de su niñez. La musicalidad de la valiha es como la de una cítara, o un xilófono o, quizás, un arpa. Y hasta de la lluvia cantarina.
La proyección de este artista fuera de Madagascar tiene mucho que ver con el trabajo depurado de su música, ésa que, bebiendo de la tradición, "es algo vivo", capaz de dialogar con lo contemporáneo.
Rajery identifica tres niveles en la música que hace. "El primero es el de la tradición folklórica, luego está el que resulta de la evolución con el paso del tiempo, y, finalmente, la música urbana que, inspirada también en la tradición, demanda una creación personal de parte del compositor".
¿Cómo se logra ese diálogo? "Es muy difícil. El problema es que si no se pone atención se puede perder la información de la tradición... no es fácil explicar el proceso...". Haciendo un esfuerzo, Rajery cuenta que al componer una canción, básicamente dispone de un ritmo y melodías repetitivas con las que no hay problema. "Para desarrollar y evolucionar hay que tener muy clara la estructura y, entonces, mediante un proceso técnico, desestructurarla". Lo que pasa por arreglos y armonización. Al final, "debes lograr que hable la tradición, pero que tu obra sea, asimismo, un testimonio de la modernidad". Superar la prueba exige estudios. "Yo aprendí música para poder perfeccionarme.
Sólo la oreja no permite el desarrollo". Tal el secreto del grupo de Rajery que pasó por Bolivia gracias a Culturas Francesas y la Alianza Francesa de La Paz.
COMENTARIO
Entre estar e imaginar
ÓSCAR GARCÍA, músico
La imagen de un arpa enrollada es lo primero que se viene a la mente al ver (antes que oír) una valiha. Se trata de un instrumento musical. Un instrumento reflejo de las especiales condiciones culturales de Madagascar, una isla que aloja a las especies biológicas más extrañas. Isla ubicada entre lo africano, lo arábico y la cosmología hindú.
La valiha es una cítara tubular. Originalmente un idiófono, ahora es un instrumento cordófono. Consiste en un tubo de bambú alrededor del cual se fijan varias cuerdas hechas de metal. Específicamente del alambre de los frenos de una bicicleta. El instrumento solía ser pentatónico. Ahora los hay hasta cromáticos.
Rajery toca este instrumento, además de cantar con solvencia y dulzura. Es una combinación necesaria entre el virtuosismo y la economía de recursos.
Las músicas que Rajery interpreta (no sé cuán adecuado sea el término) se parecen. Al menos esa es la impresión que el público tuvo al salir del concierto en el Teatro Municipal. "Se parecen" no quiere decir que aburren, o que cansan o, por último, que carecen de ideas. Resulta que la sensación de escuchar músicas parecidas debe estar emparentada con la noción de estilo. El estilo como una red de relaciones y de constricciones. La recurrencia técnica en sentar las bases armónicas acudiendo al arpegio en la guitarra, los ritmos sincopados, el bajo como un soporte melódico, o casi. Es complicado describir un hecho sonoro articulado desde otro lenguaje; Zappa lo expuso de manera clara: "como bailar de arquitectura". No es un descubrimiento ni mucho menos, sin embargo, permite imaginar, y eso lo es todo para quienes no estuvieron en el concierto de Rajery. Imaginen arpegios diatónicos, una batería sincopada, un bajo melodioseando, una voz dulce (traigan de su memoria a Caetano Veloso) y el público palmeando con dificultad ritmos complejos (no complicados). Imaginen y relacionen. Si a alguien le gusta lo que imagina, no se diga más: ésa es la hermosa música que comparte con el mundo Rajery. Y no es música del mundo, está en el mundo y es de Madagascar.
Los que estuvieron no tienen nada que imaginar sino recordar. En ese caso, ninguna explicación es posible. Hay que reconstruir las músicas entre lóbulos y vino blanco. Si quieren.
“Rajery toca la valiha, además de cantar. Es una combinación entre el virtuosismo y la economía de recursos".
ALGO MÁS SOBRE LA VALIHA
Sus nombres • La cítara tubular, como se la define técnicamente, es llamada también volo, valeha, baliha, manibola y marovany. La denominación proviene del término sánscrito "vadya" o instrumento musical sagrado.
Su pasado • Antes se practicaban cortes en la superficie del cilindro de bambú y rasgando se le arrancaba los sonidos.
Su importancia • Antiguamente, el instrumento era tocado por la aristocracia en ceremonias de carácter sagrado, para unir lo terrenal con lo sobrenatural.
El presente • Hoy, el tubo sigue siendo de bambú, pero se ha añadido cuerdas de los frenos de la bicicleta. Rajery explica que cuando quiere lograr el sonido antiguo, ata las cuerdas y así consigue su objetivo.
Las variantes • Actualmente hay valihas de cuerdas metálicas y otras de modelo rectangular y semitubual de metal.
Los intérpretes • Entre los destacados están Sylvestre Randafison, maestro de Rajery, y de otros cultores como Justin Vali, Ratovo, Tombo Daniel y Adriambaliha.