“El sexo no lo es todo” IAN MCEWAN, el autor inglés, acaba de publicar en español la novela Chesil Beach, el retrato de una pareja de recién casados de los años 60. Magistral, dice la crítica.
JESÚS RUIZ MANTILLA, El País de Madrid para La Razón.
Apunto de cumplir 60 años, Ian McEwan experimenta ´una nueva juventud´. Acaba de publicar Chesil Beach, una novela turbadora y exquisita que narra la historia de unos recién casados en los años 60. Sentado ante la imponente chimenea de su casa en Fitzroy Square, mientras conversa y deja que el peso de la tarde le caiga encima sin encender ninguna luz, Ian McEwan parece disfrutar en la mágica penumbra de una conversación plácida e invernal. Allí, cerca de la vorágine de Oxford Street, tiene su cálido refugio este escritor clave en las letras inglesas contemporáneas, ya acostumbrado a que el éxito sea un constante crescendo en su vida.
Dos personajes, Florence y Edward, recién casados, y una situación más que límite —su noche de bodas— sirven a McEwan para realizar uno de los retratos del amor y la pareja más devastadores que se hayan escrito en los últimos tiempos.
¿Qué cambió en los 60 para que viéramos el mundo de otra manera? Sobre todo en la pareja, que es algo que usted analiza casi obsesivamente. Realmente representó toda una transformación. No sólo en el plano sexual, también en el de las relaciones personales. Cambiaron de una dimensión más formal a otra mucho más cálida. Poco a poco. Pero muchas de las cosas que pensamos que habían ocurrido en los 60 en realidad pasaron en los 70. No sólo tuvo que ver con la manera de relacionarse entre las parejas, también entre padres e hijos y otros aspectos de la vida privada. En el terreno sexual, no todo se limitó a las relaciones entre dos, se ampliaron los horizontes con las comunas, entró el instinto, probamos todo, el amor libre. Pero creo que, aunque cambiaron muchas cosas, en el fondo, muchas otras siguieron igual.
¿Cuáles? En el caso de las parejas jóvenes, el día que tienen que afrontar su primera vez, ocurre como siempre. Nos engañamos si pensamos que los adolescentes de hoy llegan al sexo sabiéndolo todo y relajados. Si tuviera que escribir Chesil Beach situada en la actualidad, hubiese elegido un matrimonio de musulmanes, por ejemplo. Lo que vemos en las revistas es una cosa, pero en privado, todavía, somos vulnerables, dubitativos, tenemos miedo.
En su obra se puede observar el mundo a través de sus personajes amantes. ¿Qué respuestas le da ese microcosmos que no puedan encontrarse desde una óptica individual? Ese mundo resulta tremendamente conveniente para un escritor. No soy el único. Lo que ocurre entre dos amantes nos da muchísimas posibilidades, no sólo para indagar en el placer y el éxtasis, sino para describir la falta de entendimiento, los celos, la traición, la incomprensión mutua, lo trágico.
En la novela quedan cabos sin atar, con una sugerencia decadente. ¿Le gusta que los lectores construyan sus propias respuestas? Muchos lectores disfrutan sin querer saber. No les gusta que les resuelvas ciertas situaciones con desdichas. Y convence eso. Por mi parte, sería más fácil inventar todas las respuestas que sugerirlas.
Por ejemplo, se me ocurre preguntarle tras haber leído el libro: ¿el sexo no nos conduce a la grandeza? Es extremadamente importante para todos nosotros. Pero después de toda una vida pensando en ello, la razón por la que no sigo siendo freudiano es porque me he convencido de que el sexo no lo es todo. Es perfectamente posible disfrutar de mucho sexo y ser absolutamente desgraciado. No lo es todo. No basta. Cualquiera que se dé cuenta de esto, disfrutará de otras cosas.
¿Cuándo se sabe si una novela será terminada o no? ¿Cuándo se convierte en un ser en sí mismo? Diría que cuando has escrito un cuarto. Unas 25.000 palabras. Cuando llego a eso, reconozco ya una obra viva. Antes puedo abandonarlas fácilmente.
¿Se considera un novelista clásico? ¿En qué sentido? Alguien que confía tanto en ese género como expresión artística que no lo abandona nunca, persiguiendo la novela perfecta.
Muchos creen que la novela perfecta es Madame Bovary. La releí hace dos años y pensé: no lo es. Madame Bovary ha muerto. Es como si Flaubert no la hubiese dejado hasta ahora. Se nos ha condenado a una especie de sadismo narrativo con ella. Dicen que cuando Emma muere, Flaubert lloró. Ahora entiendo por qué no me gusta. Estaba demasiado implicado en la historia. Debería haber permanecido mucho más frío, distante, con algo de hielo.
Una distancia como la que Cervantes mantuvo en el Quijote, por ejemplo. El hielo de la ironía. Graham Greene decía que todo escritor debería tener un cubito de hielo en el corazón.
Pero eso de la novela perfecta es muy discutible. Para unos puede ser Guerra y paz, para otros, el Quijote o Cien años de soledad... Para usted, ¿cuál se acerca más? Ana Karenina. Quizás la novela perfecta del siglo XIX.
¿Y del XX? Varias. Las de John Updike y el Herzog de Saúl Bellow.
EL PERFIL DEL AUTOR
Vida y obra • Ian McEwan nació en Aldershot, Reino Unido, en junio de 1948. Algunas obras suyas son El placer del viajero (1981), Niños en el tiempo (1987), Amsterdam (1998, premio Booker), Expiación (2001) y Sábado (2006). La novela Amor perdurable (1997) es considerada su mejor obra.
Lo reciente • Público y crítica le bendicen sin cesar por la calidad de su obra. Esa altura literaria se ha vuelto a conseguir con Chesil Beach (2007), ahora en español.