Un restaurante y bar, que atrae a los visitantes cada fin de semana, tiene una historia familiar de 100 años que contar. Sangre italiana, tarijeña, cruceña y mexicana corre por viñedos y patios tipo andaluz.
Texto y fotos: Mabel Franco Ortega
A una cuadra de la plaza central de Concepción, en Tarija, se puede comer mariscos. Sólo los domingos, como bien saben los chapacos que se dirigen ´al valle´ para disfrutar de los sabores marinos acompañados de buen vino producido en las alturas. Media hora de viaje, por una vía asfaltada, y se está en el corazón del municipio de Uriondo.
´La bodega del abuelo´, reza el letrero que invita a pasar a un ambiente de luz muy tenue. Los ojos, deslumbrados por el sol del exterior, deben acostumbrarse unos segundos antes de distinguir los detalles de ese espacio destinado a los comensales. Es un golpe de efecto: lo que se descubre poco a poco deslumbra también.
Toneles de madera gigantes, donde antes se añejaba el vino, forman parte del decorado del restaurante y bar. Por todo lado hay referencias al elixir de la uva: afiches del mundo que alaban su sabor, damajuanas con su típico cristal verde y un decálogo del vino.
El propietario, Rodolfo Jordán Mealla, parece acostumbrado a complacer a quienes le piden conocer más a fondo esa herencia que dejó a la familia el abuelo, Alberto Mealla Casso, y que asoma por los amplios ventanales del fondo. El paseo es rápido, pero vale la pena.
El lugar, explica Jordán que hace notar que este apellido viene del lado cruceño de la familia, se comenzó a construir en 1890, en las tierras que había adquirido el migrante italiano Luigi Cataldi. La hija de éste, María, se casó con Alberto Mealla, y juntos terminaron de edificar la casa quinta.
´Yo creo que mi bisabuelo, que antes estuvo por Tupiza, le enseñó a mi abuelo a hacer vino´. Costumbre que hoy se sigue cultivando, aunque de forma casera. Para eso queda la media hectárea que se extiende detrás de la edificación que está sobre hectárea y media. Así de amplia es la casa de tres patios, ´tal como eran las casas andaluzas´.
Según ese mismo estilo, el ala izquierda, si se entra por la calle principal, está destinada a los dormitorios, mientras que la derecha tiene el recibidor, la sala, el comedor y otros ambientes donde se conservan los muebles antiguos, incluido el piano que llegó también en 1890, entre los primeros que se hicieron escuchar en Tarija.
Si de música se trata, ésta llega desde la parte posterior de ´La bodega del abuelo´, donde canta una acequia de aguas marrón que marca la dirección del sendero de piedra desde el que se contempla el verde de las hojas de parra.
El heredero, casado con una mexicana, no vive en La bodega del abuelo. Su residencia está en la capital tarijeña, mientras que varios Mealla radican en el extranjero. ´Nos juntamos una vez al año´, y entonces todo se reanima.
Mientras duran las ausencias, cada detalle de la casa habla del culto a la memoria. Los muros están llenos de fotos. Hay incluso un panel con las tarjetas personales que los padres del actual propietario recibieron el día de su boda, junto a los obsequios. En ellas se leen los nombres de dos ex presidentes de Bolivia: David Toro y Germán Busch.
De manera excepcional, Roberto Jordán Mealla alojó a algunos invitados del evento ´Vino y arte´ que se celebró en el valle de Concepción, del 18 al 24 de febrero. Enorme privilegio para los hospedados transitar por los dormitorios de enormes roperos y camas señoriales; pero, sobre todo, despertar en las mañanas, salir y coger el desayuno de los árboles de durazno, de uva o de higo, porque las naranjas, que van en el primer patio, en esta época del año aún deben madurar.