M uchos medios de comunicación han dado una gran cobertura a la escandalosa sesión del Congreso Nacional en la que se aprobó el referéndum constitucional y el referéndum sobre el latifundio. Todos ellos criticaban la actitud del MAS, calificándola de prepotente, autoritaria, llegando el jefe del Podemos opositor Jorge Quiroga a tipificar al Gobierno como “gobierno de facto”.
De igual forma se ha criticado la última sesión de la Asamblea Constituyente, en la que se aprobó la propuesta definitiva de Constitución, calificándola de una imposición del Gobierno, en el intento de aprobar una constitución solamente deseada por el MAS y sus aliados.
Ya poco se habla, sin embargo, de que fueron las fuerzas de oposición las que, a la cabeza de los comités cívicos, fueron un factor determinante para que en las últimas elecciones generales se impusiera una “selección” de prefectos departamentales, como si se tratara de un régimen político federal o autonómico. También parece ir cayendo en el olvido que precisamente las fuerzas opositoras impusieron un referéndum “vinculante” sobre las autonomías, para que ella se aplique inmediatamente en los departamentos que opten por ellas.
Podemos añadir dos elementos más, recordar que el fracaso de la Asamblea Constituyente, en gran medida se produjo cuando el sector opositor al gobierno introdujo una temática que no estaba dentro de los elementos sustanciales del nuevo texto, como fue la capitalidad plena para la ciudad de Sucre.
En fin, ahora también la oposición, a la cabeza de los comités cívicos, impone una serie de referendos departamentales con la finalidad de aprobar los estatutos autonómicos elaborados por ellos mismos.
Todo ello nos impulsa a pensar que vivimos en la lógica de la soberbia, en la que todo se impone y nada se negocia. Democracia de las corporaciones que aplican, todas ellas, el gobierno de facto. Delante de esta lógica, ¿qué se puede esperar de la autoridad del Estado? ¿Vale la pena seguir gobernando con leyes que de antemano sabemos que serán acatadas por algunos y no por el conjunto social?
Es posible que todo este escenario boliviano sea fruto de una prolongada historia de gobiernos militares de facto, de grupos de poder oligárquicos, de dictaduras sindicales, de feudos cívicos, de todos aquellos que nunca vieron ni sintieron a Bolivia como una nación, sino simplemente como un accidente histórico. De allí viene la imperiosa necesidad de que el ciudadano retome su rol fiscalizador y participativo, para que todos los intereses políticos, económicos y sociales, que hoy mantienen a Bolivia secuestrada, se subordinen al interés general.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Qué es democracia comunitaria
Por democracia comunitaria o por administración del poder comunal comprendemos que el poder o la decisión no está centrada en el individuo o en grupos de personas, o sea que el individuo o el grupo no tienen poder en sí mismos, como ocurre en el sistema de la democracia representativa; sino la asume la colectividad.
Inflación, agio y especulación
El último informe del INE a febrero dio cuenta de que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Bolivia llegó al 3,74% (casi la mitad del pronóstico para todo el 2008). Semejante subida en sólo dos meses “se comió” la inflación de enero a junio del 2007, duplicando además la acumulada a 12 meses: 6,57% a febrero del 2007 y 13,32% a febrero del 2008.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía