No podemos seguir en este camino de locura, división y enfrentamiento. La reciente decisión de la Corte Nacional Electoral (CNE), de suspender los procesos referendarios, constituye una de las últimas oportunidades para la redención política del Presidente y del Vicepresidente de la República, del Congreso, prefectos de la llamada media luna, movimientos sociales afines al Gobierno y comités cívicos de oposición, que permita alcanzar un auténtico pacto social de unidad e integración de los bolivianos.
Pretender poner en vigencia una nueva Constitución y unos Estatutos Autonómicos que se excluyen y contradicen es jugar con la destrucción del país. Con su decisión, la Corte Electoral, sobreponiéndose a los radicales del oficialismo y de la oposición, raya la cancha y genera un espacio de tiempo y reflexión para poner en orden las cosas.
Gráficamente, como consecuencia de los procesos de la nueva Constitución y de los Estatutos Autonómicos, el país es como una casa en desorden: el auto está en el cuarto, la cama en el garaje, el refrigerador en la sala de espera y el sillón en la cocina. La CNE decide que no puede llevar a cabo estos referendos si la casa (el país) no está en orden: el auto en el garaje, la cama en el cuarto, el refrigerador en la cocina y el sillón en la sala de espera.
A partir de esta decisión de la CNE, en la que interviene no como una mera oficina técnica y administrativa, sino como un órgano constitucional de dirección y orden electoral (como el Poder Electoral que planteó Simón Bolívar en la primera Constitución para Bolivia), porque así se lo exigen las circunstancias históricas del país, los bolivianos nos daremos cuenta de qué líderes políticos, institucionales y sociales apuestan por la salvación o la destrucción de Bolivia.
Queda claro que el ex presidente Jorge Quiroga, al pretender el descabezamiento de la CNE para dar vía libre al referéndum de Santa Cruz, en el marco de la falta de competencia y la ilegalidad, con el propósito de que entre en vigencia un Estatuto Autonómico que conlleve la ruptura del orden constitucional vigente desde 1967, pretende la destrucción del país. Si le preocupa la independencia y la imparcialidad del organismo electoral, ¿por qué no pide la renuncia del presidente de la Corte de Santa Cruz, que tiene a su esposa como presidenta del Comité Cívico Femenino?
Preocupa que Samuel Doria Medina, por haberse lanzado a una campaña anticipada por el No a la nueva Constitución, mire el árbol y no el bosque. Ya habrá una mejor ocasión para buscar réditos electorales personales, pero no en este momento crítico para la paz y la unidad de los bolivianos, con valores comprometidos por la locura de los extremos radicales que nos quieren arrastrar a una lucha fraticida sin razón y sin sentido.
No hay democracia sin Corte Electoral.
*Carlos Alarcón es abogado constitucionalista.
Colombia se muda hacia América Central
La excursión de una patrulla colombiana al sur de su frontera para matar a Raúl Reyes ha tenido un efecto paradójico: significó la mudanza de Bogotá hacia América Central. Colombia ya forma parte del grupo de países de ese subcontinente que, gracias a acuerdos comerciales y afinidades políticas, prolongan el territorio de los Estados Unidos al sur del río Bravo.
Iniciativa diplomática boliviana
En una nota aparecida ayer en este medio informativo, nos hemos enterado de que el canciller, David Choquehuanca, está convocando a sus colegas sudamericanos para que asistan a la anunciada reunión del 28 y 29 de marzo, en Cartagena de Indias, Colombia, para el nacimiento oficial de la Organización de Naciones Sudamericanas (Onasur).
Segunda oportunidad
No fue un accidente o un paréntesis, ni tampoco un efecto de los atentados del 11 de marzo, como han venido repitiendo insidiosamente durante cuatro años los sectores más radicales de la derecha política y mediática.
Bogotá y el realismo mágico
Si usted es invitado a Bogotá, puede estar seguro de que le tratarán a cuerpo de rey. Le llevarán a pasear por hermosos parques, praderas y montañas, le alojarán en bellos hoteles y le invitarán a comer en restaurantes franceses que no tienen nada que ver con la vulgaridad de sus similares americanos y sus copias en otros países de América Latina.
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Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía