En una nota aparecida ayer en este medio informativo, nos hemos enterado de que el canciller, David Choquehuanca, está convocando a sus colegas sudamericanos para que asistan a la anunciada reunión del 28 y 29 de marzo, en Cartagena de Indias, Colombia, para el nacimiento oficial de la Organización de Naciones Sudamericanas (Onasur).
Desde luego que la iniciativa es encomiable, pero, como decíamos en nuestra última nota del sábado pasado en La Razón, ¿será posible pensar en una Organización de Naciones Sudamericanas cuando no se ha podido hacer marchar, en casi 40 años, a la ahora llamada Comunidad Andina de Naciones? ¿Y cuando el propio Mercosur se ensombrece por disputas entre Argentina y Uruguay relacionadas con la instalación de una fábrica de papel?
Es cierto, como piensa nuestra Cancillería, que ha bajado la tensión entre Colombia y Ecuador, luego de la Reunión del Grupo de Río en Santo Domingo, pero ahí está Chávez que, apretón de manos con Uribe de por medio, sabemos que no va a quedarse de brazos cruzados y que nunca va a aceptar el borrón y cuenta nueva. A esto se suma la ruptura de relaciones de Nicaragua con Colombia, que, aunque Nicaragua no pertenezca a Sudamérica, muestra la acción concertada que existe en contra del presidente Uribe y de un embozado (o desembozado) respaldo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Cualquier esfuerzo de unidad sudamericana es importante, pero siempre que el intento llegue a buen puerto y que no se quede en enunciados vagos. Una integración física podría ser posible y mejorar así los vínculos entre nuestras naciones. Pero una integración política y económica no parece posible de momento. Existen países (Chile, Perú, Colombia, como ejemplo) que son partidarios de los tratados de libre comercio. Otros (Venezuela, Ecuador, Bolivia) que son manifiestamente contrarios.
Pero eso no es todo, porque hasta la cuestión energética —principalmente en el Cono Sur— se torna desgraciada. Bolivia incumple con Argentina por cumplir con Brasil. Y Argentina incumple con Chile porque Bolivia incumple con ella. Finalmente, los países más agobiados recurren al LNG para salvarse, mientras que Bolivia, sin inversiones petroleras y con una nacionalización ´trucha´, no vende las millonadas que se anunciaban y, peor, va perdiendo sus reservas por falta de capitales.
Suponemos que si el canciller Choquehuanca se convierte en portavoz de sus pares sudamericanos para confirmar la reunión de Onasur, y expresa que ´este es un hecho muy importante para nosotros los latinoamericanos´, habrá comprendido que lo del ALBA es un soberano disparate y no pretenderá utilizar Onasur para fastidiar a los EEUU. Temores sobran para pensar que sea Chávez quien esté detrás de la iniciativa, lo que molestará al resto. Onasur parece una utopía más.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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