Un pensador decía que para salvar a la patria había que pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectar hacia el porvenir. Qué duda cabe que lo venimos haciendo y con las mejores intenciones, aunque con tropiezos.
Sólo para hablar del último tiempo, fuimos capaces de apostar por un sistema democrático que nos permitió avanzar con mayor diversidad, participación y pluralidad en el ejercicio del poder.
Apelamos a los mecanismos de esa misma democracia, acudiendo regularmente al soberano, para convocar a una Asamblea Constituyente y producir una nueva Constitución Política del Estado y votamos para decidir el régimen de las Autonomías Departamentales.
Lamentablemente, los resultados de estos dos esfuerzos fundamentales, como hoy se presentan, no resultaron ser el puente que los bolivianos requerimos para seguir transitando al porvenir unidos, con rumbo firme y en paz.
Al contrario, sin necesidad de ingresar en detalles, es evidente que el apresuramiento, la desconfianza, la polarización y la ilegalidad de ambos los convirtieron en múltiples murallas que solamente separan; transformaron el escenario político e institucional en un interminable laberinto, afectan el normal curso de la gestión del gobierno y, lo peor, amenazan con dividirnos y enfrentarnos con violecia. Los bolivianos cometimos errores y no salvarlos a tiempo será otro mayor. Todavía hay tiempo —aunque breve— para admitirlo con autocrítica y grandeza por todas las partes involucradas.
No podría atreverme a hacer esta reflexión si no supiera de la capacidad que tuvimos hace tan poco para superar otras crisis. Tomó renunciamientos, puso a prueba la vocación democrática de los actores políticos y abrió salidas en el marco de la juridicidad posible.
Hoy podemos encontrar salidas viables y con los mismos ingredientes, y tal vez con mayor optimismo. Apostemos a conocer el criterio del pueblo en las urnas, pero no para validar lo que sabemos que nació mal, en conflicto y sin consensos, es intrascendente o resulta incompatible; me refiero a votar por un solo Proyecto de Constitución, el de Oruro, por el Referéndum Dirimidor y por un solo proyecto de Estatutos Autonómicos.
Acudamos al pueblo para validar un rumbo más fructífero y superar los errores, que se pregunte si estamos de acuerdo en abrir otro proceso constituyente y autonómico con bases más concretas y compatibles y con procedimientos que garanticen resultados más legítimos.
Son otros y más trascendentes los temas con los que se debe acudir al referéndum. Están también aquellos que orientan una gestión de gobierno con mayores consensos para la colectividad y el desarrollo, por ejemplo, la distribución de las rentas o la política de hidrocarburos. Su éxito estará en directa proporción a la voluntad que pongan los líderes de las partes encontradas para corresponder genuinamente al pueblo. Sacudámonos del desencuentro, los rencores y lo pequeño, pensemos en grande.
*Eduardo Rodríguez Veltzé, es ex presidente de la República.
Los “otros” que dejó el Censo del 2001
No se trata de una historia de fantasmas, como en la película, aunque tiene que ver con seres aparentemente invisibles. Estos días recuerdo a menudo al Dr. José Luis Roca cuando, en la década de los 90, luego de la aprobación y con los primeros años de experiencia de la aplicación de la Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) aseguraba haber cambiado de identidad puesto que, no siendo indígena ni empresario, había pasado a ser “tercero”.
“No más aplausos...”
Yo me pregunto si cuando habla la Iglesia sobre la paz, la concordia y otras virtudes indispensables para la convivencia social, sólo es escuchada por quienes ya estamos convencidos.
Los medios de comunicación y la salud
Con la diversificación de la información en la red internet, al usuario de ese valioso instrumento para la comunicación le resulta difícil reconocer qué datos tienen más o menos credibilidad.
La "revolución" con el organismo electoral
Una de las condiciones de los procesos electorales y, por tanto, también de la democracia es la credibilidad de la institución que los dirige y certifica que sus resultados expresan la voluntad de los ciudadanos. En el pasado, esa institución fue partidizada y, por tanto, inhabilitada para crear confianza en las elecciones.
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Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía