En estos días, tan cargados de incompetencias, sectarismos y odios, el gobierno del presidente Evo Morales ha perdido la pista de lo que debe hacer con el gas natural. Desde que asumió el poder, el 18 de enero del 2006, no cesó de presumir que la nueva gran riqueza que tenía el país era obra suya. En su audacia, quiere decir que los bolivianos son unos tontos que no saben lo que ocurre delante de sus narices. De ahí que no reconoció jamás que hubo una exitosa Capitalización de YPFB.
Como dice que no lee, alguien debería informarle que 12 empresas extranjeras, a las que tanta aversión les tiene, invirtieron en el sector petrolero de Bolivia $us 4.606 millones, entre 1997 y 2005, según un estudio de la Fundación Milenio.
La “nacionalización” del gas no fue tal. De haber ocurrido, no se justificaba ya que el Gobierno firme nuevos contratos con las empresas petroleras, como lo hizo en octubre del 2006. Sin embargo, las agravió al ocupar militarmente las instalaciones de la empresa que más había invertido en el gas: Petrobras. Pese a éstos y otros malos tratos inferidos a Brasil, el “sabio” del gobierno realizó más de un viaje a Brasilia, en una especie de rogativa, para que Petrobras vuelva a invertir y se trague la saliva amarga que le dejó Bolivia.
La parte crítica es que, por falta de seguridad jurídica, las petroleras paralizaron sus operaciones hace más de dos años. El experto Carlos Miranda acaba de escribir que Bolivia debería estar produciendo entre 59 y 78 millones de metros cúbicos de gas al día. Pero, en realidad, a duras penas llega a menos de 40 Mm3/D. De ahí que no puede cumplir con las exportaciones comprometidas a Brasil y Argentina, ni cubrir el consumo interno.
La publicidad oficial dice que el ingreso de recursos por el gas, entre el 2006 y el 2007, fue de $us 3.800 millones. ¿Dónde están? Es evidente que hubo un ajuste impositivo con la “nacionalización”, pero no admite que aquello se debe también a la subida de precios del energético en el exterior, de uno a cinco dólares.
Y aquí una revelación. Un análisis del experto Mauricio Medinaceli llegó a la conclusión de que la “nacionalización” y los nuevos contratos, efectivamente, producen más ingresos que la Capitalización, en un escenario hipotético de precios bajos. Pero, si se analiza la recaudación en valores absolutos, la conclusión es distinta. Con la Ley de Capitalización el ingreso actual hubiese sido mayor al obtenido con la normatividad vigente.
Con precios bajos e inflexibles, características del IDH (Impuesto Directo a los Hidrocarburos), se habría producido el cierre de algunos campos petroleros, dada su inviabilidad económica, por tanto, habría causado una baja en la producción y en la renta del gas.
El ajuste tributario de la “nacionalización” puede hacer que este año sea del 67%, mientras que con la Capitalización habría sido del 53%, lo que desmiente aquello que tanto se dijo, que el gas sólo tenía un impuesto del 18%.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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